JOSÉ RAMÓN AMOR PAN AL DÍA
30 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.Diego tiene mes y medio y es una preciosidad. Nació con síndrome de Down. Ayer, al cogerlo en brazos por primera vez, sentí escalofríos ante el profundo misterio de la vida. Y me di cuenta de que la primera nota que define al ser humano es la vulnerabilidad: la persona es una estructura indigente, no se basta a sí misma, vive en el ámbito de la fragilidad y la menesterosidad. El desarrollo de una persona tiene lugar a través de la interacción entre el propio sujeto y el medio en el que vive, medio físico y medio social. El ser humano, en el camino hacia la realización de su fin, por su propia condición necesita ineludiblemente la ayuda y la colaboración de los demás. Por eso el cuidado pertenece a la esencia del ser humano. Si la necesidad de cuidados es constitutiva del ser humano, el que un sujeto demande una mayor atención no le resta ni un ápice de valor, al contrario. No hay hombre, por muy normal que él mismo se crea y los demás le reputen, que no clame por ayuda cuando los cimientos de su casa crujen. La estructura personal no es un andamiaje férreo e incólume a la erosión, sino muy débil y necesita constantes refuerzos para subsistir y para desarrollarse íntegramente. Enumerar la lista completa de las necesidades humanas es una tarea ardua, pues la indigencia del ser humano se manifiesta en un conjunto de necesidades muy amplio y variado en cuanto a intensidad y expresión. Todos los hombres aspiramos a la autorrealización plena, también Diego. Lo importante es retener que, estemos en la situación que estemos, todos los seres humanos somos indigentes y vulnerables. El ser humano es un animal vulnerable. Por eso el fundamento de los derechos humanos debe buscarse en nuestras necesidades básicas. Ello implica cifrar el despliegue de los derechos en el despliegue multilateral y consciente de las necesidades humanas que emergen de la experiencia concreta de la vida práctica. El sistema de valores de la sociedad debe servir, en suma, para maximizar y optimizar la satisfacción de necesidades e intereses de todos y cada uno de los miembros de la especie humana. En un mundo que se tambalea, una de las formas de comprobar si somos conscientes del verdadero sentido ético consiste en ver si respetamos la persona oculta en los aparentemente menos capaces, si ante un niño con particulares dificultades para realizarse como persona y salir adelante, nos ponemos de su lado.