INSTITUCIÓN LIBRE DE ENSEÑANZA

La Voz

OPINIÓN

ALFONSO DE LA VEGA

19 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

En este proceso de horrores y errores en el que estamos inmersos en las últimas semanas está pasando desapercibida una importante conmemoración para la educación y la cultura españolas. Me refiero al 125 aniversario de la fundación de la Institución Libre de Enseñanza que abrió sus puertas en el otoño de 1876. Surge de la vocación frustrada por la Restauración de una serie de profesores por mantener la libertad de cátedra. Don Emilio Castelar, el que fuera último presidente de la Primera República, renuncia a su cátedra como protesta por la censura. Otros, entre ellos Giner, protestan y son desterrados, incluso se ven recluidos en el castillo de santa Catalina de Cádiz. Como tantos otros tesoros de la cultura española, (El Quijote, el Cántico espiritual...) la aventura de libertad que supuso la Institución nace en prisión. Quizás porque, como dijo Borrow, «a pesar del desgobierno de los Austrias, la estupidez de los Borbones, y sobre todo de la tiranía espiritual de la Corte de Roma, los españoles no son aún esclavos fanáticos ni mendigos rastreros». Convencido de que en materia de educación nada bueno podía esperarse de la España oficial, Giner define desde la raíz su proyecto de hacer hombres libres como base imprescindible de una España libre, justa y democrática: «La revolución hay que hacerla en los espíritus y no en las barricadas». Se inspira en un filósofo alemán no muy importante pero afín a sus planteamientos educativos, Krause, quien en la línea de la tradición socrática y de acuerdo con su filiación masónica, concibe la educación como la potenciación de la estrella flamígera, símbolo de la divinidad que mora en todos los hombres, cuyo esplendor oscurecen la ignorancia, el fanatismo, la ambición y la hipocresía. La Institución, desde sus orígenes, está abierta al cosmopolitismo. Cuando en 1907 se crea la Junta para la Ampliación de Estudios, presidida por otro masón ilustre, Ramón y Cajal, se instrumenta de modo generalizado el envío de pensionados al extranjero para buscar un mayor Conocimiento. ¡Qué diferencia de actitud y de resultados con la endogámica, provinciana e indigenista de estos tiempos autonómicos! Otro gran hito fue la creación en 1910, cinco años antes de la muerte del maestro, de la Residencia de Estudiantes que, primero en Fortuny y luego en la colina de los chopos, hasta su trágica desaparición en 1936, constituyó un auténtico crisol de la civilización española. Pero de la Residencia y de su director, Jiménez Fraud, hablaremos en otra ocasión, si la hospitalidad liberal de La Voz lo quiere.