EL CABALLO BAYO Y EL INFIERNO

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

17 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El pasaje del Apocalipsis de San Juan dedicado a la apertura de los sellos es quizá el más estremecedor de los que componen esa excepcional pieza literaria. Tras abrirse el cuarto sello, recoge el evangelista las palabras del cuarto de los animales que anuncian la catástrofe: «Y he aquí un caballo bayo, cuyo jinete tenía por nombre Muerte, y el infierno le iba siguiendo, y diósele poder, sobre las cuatro partes de la tierra, para matar a cuchillo, con hambre, con peste y mediante fieras de la tierra». ¿Cuántos de los profetas que han venido augurando un inevitable Apocalipsis desde el comienzo de la guerra contra el régimen talibán de Afganistán no hubieran suscrito pe por pa la descripción escalofriante de San Juan? El caballo bayo, Norteamérica; Bush, el jinete matarife; sus aliados, el infierno que sigue al nombrado como Muerte; y la coalición antiterrorista, la que da poder al jinete sobre las cuatro partes del planeta para matar mediante las nuevas fieras de la tierra, las demoníacas máquinas de guerra. Ése era el guión escrito previamente por todos los que se empeñaron en decir que la guerra no suponía más que una agresión salvaje del imperialismo americano y sus monaguillos occidentales y orientales contra un pueblo indefenso que se levantaría contra ellos. Y que la guerra sería un nuevo Vietnam, imposible de ganar, salvo arrasando Afganistán. Y que, por eso mismo, haría la guerra estallar todas las tensiones incubadas en la zona, donde, como después de abrirse el sexto sello, «los príncipes y los tribunos, y los ricos, y los poderosos, y así todos, esclavos como libres», se esconderían «en las grutas y entre las peñas de los montes». Pues bien, nada de eso ha sucedido. Pese a la ceguera llena de prejuicios de tantos intelectuales, profesores y sesudos analistas -alguno de los cuales todavía auguraba una guerra interminable en artículos escritos el día anterior a la caída de Kabul-, la coalición antiterrorista liderada por las potencias democráticas del mundo, en combinación con la Alianza del Norte que avanza sobre el castigado territorio talibán, parecen estar a punto de ganar militarmente esa guerra tan injusta que ha devuelto ya la libertad a millones de personas. Anteayer caía Kandahar. Y ayer volvíamos a ver por televisión unas imágenes que si a algo recuerdan es a las que hace algo más de medio siglo se filmaron en Francia, en Polonia o en Alemania a medida que los pueblos y ciudades iban siendo liberadas de los nazis. En su alegría. Y también, claro, por desgracia, en la brutalidad impía de los vencedores sobre los vencidos. ¿Dónde está el anunciado Apocalipsis? Y, sobre todo, ¿dónde están ahora sus profetas?