RAMÓN CHAO DESDE MI OTERO
12 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La única certidumbre hasta ahora, en el momento en que escribo, es que no se sabe nada. Claro que no se puede asistir a la caída de un avión en EE UU sin pensar en un atentado terrorista. Además, se atribuyen toda clase de maquiavelismos a Bin Laden, esa nebulosa tan impenetrable como su organización. El hecho es que se trataba de un avión obsoleto que ya había sufrido varios percances; las compañías de aviación -todas privadas, naturalmente- se han acostumbrado a exprimir los aparatos hasta el último estertor, buscando con ello un máximo de rentabilidad. Fecha simbólica No obstante, se trataba de un día simbólico; en la ONU se empieza a debatir sobre el futuro gobierno de Afganistán, y parecía inminente la toma de Kabul por la Alianza del Norte. ¿Sería inminente la caída de la capital? Cabe preguntárselo. Puede ser una estratagema de los talibanes, descifrado tal vez por Colin Powell, quien aconseja a la Alianza del Norte que no se meta en una ratonera. En ella cayó nuestra colega Johanne Sutton y el periodista de Radio Luxemburgo Pierre Bilot. Es posible que se dejaran contagiar por la euforia de la Alianza del Norte al anunciar la toma de Mazar-i-Sharif el viernes pasado. Sin duda los reporteros estaban ansiosos de hacer su trabajo, tras quince días de confinamiento en un hotel. Por ello se lo creyeron, subieron en un tanque -contra toda precaución- y se dejaron llevar hacia el sur. Fatal, y podrían haber desconfiado, pero pudo más el afán profesional. Los tanques pasaron con facilidad la primera línea de defensa talibana; igual la segunda, donde no encontraron resistencia. Mas sí en la tercera, y fuerte. Dieron marcha atrás los tanques y se encontraron con las dos primeras cerradas. Caídos en la trampa, fueron rematados a tiros por el enemigo. Johanne trabajaba conmigo en Radio Francia Internacional. Todos los muertos son buenos, pero con ella faltan palabras para contar sus cualidades. Inteligente, generosa, nos facilitaba fragmentos de sus reportajes. Hablaba español y a menudo iba a España a cubrir los acontecimientos importantes. Consternación general aquí, tanto en los medios de difusión como entre nosotros, los que la queremos. Algunas voces de fuera se alzan para criticar su imprudencia: un periodista jamás debe subir en un tanque bélico, para que no lo tomen por enemigo. No hay Convención de Ginebra que los proteja. La balanza del terror Pero Johanne cayó por el amor a su oficio, y los que quedamos sentimos una fuerte opresión en el pecho. De angustia. Lo mismo que en EE UU, pero allí por otros motivos. Este acontecimiento, sea atentado o accidente, multiplica el sentimiento de vulnerabilidad y de fragilidad. En este sentido, casi no tiene importancia el que haya sido un atentado o un accidente. La balanza del terror se equilibra: en un platillo los bombardeos y en el otro la psicosis del miedo. Sea lo que fuere, la orientación de la conferencia del Consejo de Seguridad tomará otro sesgo si el fiel se inclina de un lado o de otro. Pero como la encuesta (el examen de la caja negra) será larga, es de temer que los bombardeos continúen y la psicosis se acentúe.