LA CONVERGENCIA ETERNA

La Voz

OPINIÓN

XAQUÍN ÁLVAREZ CORBACHO AL DÍA

12 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

A Galicia le cuesta converger con España y Europa (UE). En 1991 las diferencias entre el PIB per cápita eran las siguientes: UE 100, España 77 y Galicia 63. En 1998, según el último informe del Consejo Económico y Social de Galicia que acaba de hacerse público, esas cifras son UE 100, España 81 y Galicia 64. Es decir, en términos relativos seguimos prácticamente donde estábamos, pese a la dimensión alcista del ciclo y a las bondades proclamadas de la «década prodigiosa». Las razones que suelen explicar la situación son, básicamente, tres: Galicia es todavía un espacio periférico; la iniciativa empresarial es insuficiente y existe además una cultura de la subvención que apaga o no estimula la innovación y el riesgo. Pero se puede añadir un factor más: la autocomplacencia oficial, que se alimenta de obstáculos múltiples a la libre circulación del pensamiento crítico. Debemos ser conscientes de ello. En Galicia falta normalidad cívica, humildad para corregir lo que hacemos mal, inteligencia para afinar las ideas y coraje para rebelarnos contra las torpezas y las injusticias. La convergencia real (aproximación de rentas y empleo) es el resultado de un proceso de acumulación prolongado e intenso en materia de infraestructuras físicas, tecnológicas y humanas que precisa siempre de paciencia, acierto y colaboración social positiva. Además, el proceso amplía los horizontes de la cultura. Pero cuando la inversión es precaria y acarrea atrasos históricos, como es el caso, el cuidado en la asignación de los recursos públicos debe ser exquisito y transparente. No hay espacio ya para el error y el despilfarro. En la década feliz de los años noventa la convergencia real de Galicia con España y la UE fue cero o muy escasa. Porque si nosotros crecimos, también crecieron los demás. Porque tenemos más desempleo, aunque las transformaciones experimentadas en los sectores productivos fueron significativas y explican algo la contradicción. Porque seguimos con déficit educativos y nos asfixia la subvención arbitraria y omnipresente. Sea como fuere, las cifras y la reflexiones del CES-Galicia invitan a la prudencia y a construir una sociedad menos complaciente con las piruetas gubernamentales. Aunque sus bucles se inspiren, a veces, en el silencio profundo de conventos y monasterios.