UN MUNDO PLAGIARIO

La Voz

OPINIÓN

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

31 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Aquí casi todo el mundo copia. Entrar por asalto en la propiedad intelectual de otros se ha convertido en un lucrativo deporte nacional. Cierto es que todo el que escribe está por fuerza usufructuando algo del poso creativo del pasado que no le pertenece enteramente. Por eso decía Borges que nadie puede escribir un libro, que los libros están ya escritos y que el autor no es más que un médium capaz de atraparlos en el éter y transportarlos al papel. Por eso afirmó Chesterton que Esopo no merecía su fama, ya que el ingenio de sus fábulas no correspondía a él, sino a toda la humanidad. Por eso mismo se cuestiona quien es el verdadero autor del Quijote, si Cervantes o los tipos castellanos, de carne y hueso, que él universaliza. Todo esto está muy bien. Pero de aquí a transcribir literalmente versos ajenos o apropiarse de la trama entera de una novela hay un abismo. Alguno, en el colmo de la egolatría, se copia a sí mismo, dos y tres veces. No están poseídos por la pasión de expresar las verdades profundas grabadas en la memoria de los tiempos. Tan sólo aprietan el pulsador de una fotocopiadora. Y eso es estéril e indecoroso.