FÁBULA

La Voz

OPINIÓN

RAMÓN PERNAS

29 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando me interrogan -buscando respuestas ingeniosas- en las radios y televisiones madrileñas sobre los resultados de las elecciones gallegas y sus consecuencias, contesto con ardor pedagógico y didáctico, contando que Galicia, el país del norte, mi tierra, es poliédrico y complejo, conservador que no reaccionario, apacible y sereno. Añado que también es contradictorio en demasía, pero por encima de todo, cabal y normal. Continúo diciendo que el presidente Fraga arrasó con la fuerza de las galernas en un país que él mismo definió como lírico pero que cada día es más épico. A punto de entrar en la leyenda, digo que había una vez en el país de los gallegos un indómito político que condujo hacia las verdes praderas y los dorados otoños al país de los grises perpetuos y que al fondo del paisaje -el narrador señala admirado- se pintó en el cielo el arco iris. Y la leyenda, dependiendo de quien la narre y del énfasis que se ponga al contarla, señalaba que otros dos caballeros enviaron mensajes para que los ciudadanos apoyaran sus propuestas. Uno, el más barbado, mantenía un arcaico discurso sobre la modernidad reclamando para sí y los suyos un poder transformador desde la exclusión. Y en los mítines gustaba mucho de los chascarrillos y los juegos de palabras, incluso de las adivinanzas. Cuando supo que no gozaba del favor de los ciudadanos para gobernar a dos manos -el señor barbado era también un egregio pianista- arremetió dialécticamente, grandezas de la democracia, contra sus contendientes culpándolos de su incompetencia. El otro caballero, que había acudido para agrupar a sus dispersas huestes, era el señor de la rosa, el que traía el nombre de la rosa como mensaje al país de las hortensias, donde los hombres y los ademanes son tolerantes y suaves. Difícil lo tenía cuando al inicio de la campaña buscó un lugar al sol que oscurecían el indómito político y el barbado caballero. Y lo encontró sin zaherir a diestro y a siniestro. Los dioses que aman las rosas lo premiaron con el mejor de los regalos posibles. Derrotó a todas las encuestas y creció en dignidad y gobierno. Y ahora el invencible político, señor de Roxos, de Vilalba y de Perbes, tendrá por cuarta y consecutiva ocasión que administrar con generosidad su triunfo, guiando hacia el progreso real al país del norte, cuna de los vientos y reino de la lluvia. Respetando a las minorías y a las instituciones, enarbolando la bandera de la honradez por todas las esquinas del viejo territorio, siendo humilde con los que menos poseen. Al viejo caballero este triunfo le compromete más que nunca, porque más que nunca los ciudadanos, sus paisanos, estaremos ojo avizor para que nadie, desde otras tierras y otros análisis malintencionados y aviesos, vuelva a referirse a nosotros, a todos nosotros como los bárbaros del norte que nunca fuimos.