PONERNOS LA BOINA

La Voz

OPINIÓN

ERNESTO S. POMBO

28 oct 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Los resultados electorales del pasado domingo nos han servido datos, como siempre ocurre, para alcanzar las más diversas conclusiones, que en muchos casos no dejan de ser disparatadas, sobre la situación en la que quedan los tres partidos con representación parlamentaria. Conclusiones y discusiones que pasan desde cuestionar el liderazgo de Xosé Manuel Beiras al frente del BNG, a discutir el efecto que Rodríguez Zapatero ha tenido en la tímida recuperación socialista, o conocer la influencia de Manuel Fraga en el triunfo de los populares. Pero existe una lectura más y ésta parece inapelable. Galicia quiere que el partido al que le ha entregado la responsabilidad de gobierno lo dirijan quienes lo han hecho desde siempre. Desde hace décadas. O lo que es lo mismo. Que lo presidan y dirijan aquellos que mejor entienden sus necesidades y que mejor defienden sus intereses personales. Aquellos que no han dudado en proclamarse como «los de la boina». Los resultados así nos lo confirman. En Pontevedra y Ourense, donde José Cuiña y José Luis Baltar siguen manteniendo en control del aparato de los populares, igualaron y superaron el porcentaje de votos, respecto a las de 1997. En Lugo, donde el cambio al frente del partido llevó consigo un distanciamiento claro entre Francisco Cacharro y José Luis Iravedra, el apoyo electoral se redujo en un 1,7 por ciento. En A Coruña, aunque la situación sea diferente, también se echó en falta la participación de José Manuel Romay. Así pues, el electorado del PP se ha pronunciado de forma clara. Quiere que se recuperen las baronías provinciales. Desaprueba las renovaciones. Las reformas. Los aires frescos. Nada de mover las sillas. Nada de cambios. Un electorado tan conservador y estático como el gallego no está para experimentos. La fidelidad y agradecimiento a los Cuiña, los Cacharro y los Baltar, y con ellos a toda su invencible maquinaria organizativa, ha quedado en evidencia. Viene de muy atrás. Pero sería dramático pensar que con ese apoyo, más de la mitad de los que ejercieron su derecho a voto el domingo, los que apoyaron al PP, y otros muchos que se quedaron en casa malhumorados, no quieren perder la Galicia de los autohomenajes, de los pagos de favores, de la mansedumbre y de los virreyes. La de las contrataciones de familiares y oposiciones cuestionables. La Galicia atestada de fiestas gastronómicas. La de los concejales procesados y alcaldes encarcelados. Sería un error pensar que no quieren desprenderse de la Galicia con sabor a NO-DO, a penumbra y a mugre. Por mucho que André Gide proclamara que el porvenir pertenece a los innovadores, una gran parte de los gallegos no comparte esta idea. Que las aguas vuelvan a su cauce, dijeron al unísono el domingo. Pero de ahí a que todos tengamos que calarnos la boina va un abismo.