NOSOTROS Y ELLOS

La Voz

OPINIÓN

BLANCA RIESTRA

26 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Es curioso que a medida que los ánimos se calman, las voces críticas empiezan a alzarse haciendo gala de una libertad de pensamiento bastante encomiable para los tiempos que corren. No se trata de antiamericanismo, se trata de sentido común. A este lado del Atlántico, casi nadie cree ya que un bombardeo indiscriminado de Afganistán sea una solución. Los periódicos aparecen cada día plagados de artículos sulfurosos de gente como Susan Sontag, Carlos Fuentes, Vargas Llosa. Hasta Woody Allen pide prudencia. Sólo el ciudadano medio americano clama justicia a cualquier precio. Los hemos visto en las armerías de Illinois comprando millares de balas y máscaras antigás. Y es que se habla mucho de las recurrencias y casualidades que rodean el atentado del día 11 pero, ¿recuerda alguien quién mató a Salvador Allende el 11 de septiembre de 1973? Peor aún, ¿recuerda alguien ya la fecha -fue un viernes en pleno Ramadán- en que Ariel Sharon ordenó a su ejercito que irrumpiese en la explanada de las mezquitas provocando una masacre entre los musulmanes que allí rezaban? ¿Alguien ha encendido una sola vela por los niños muertos en Irak? ¿Sabe alguien que los americanos enterraban vivos a los soldados iraquíes en la guerra del Golfo? ¿Por qué de los 22 millones de muertos de sida en el mundo, 17 millones son africanos? ¿Por qué la diferencia de esperanza de vida entre África y Europa es de 25 años? Sin embargo, uno se teme que toda esta efervescente de la opinión sea completamente inútil. Porque las decisiones las toman otros, que ni preguntan ni escuchan. Otras personas decidirán por nosotros si habrá o no habrá guerra. Y probablemente ni siquiera serán los políticos. Nadie ha hablado aún del interés que existe por el gas natural afgano -y es que se trata de uno de los países con mayores recursos naturales del orbe-. Entre otras cosas, los afganos tienen hasta petróleo. Pero no tienen trigo y se mueren de hambre. Los talibanes han prohibido las cometas. En El Cairo es imposible leer Las mil y una noches. El presidente de Estados Unidos reza por televisión. Pero nadie menciona que el futuro cultural y económico de Europa -un continente que envejece- está entre los emigrantes. Que el futuro de la cultura occidental está en manos de musulmanes, hindúes y agnósticos de otras razas. Que ya no existe un ellos y un nosotros. Porque todos somos nosotros. Y sólo si pensamos así nos será permitido tener un futuro.