LA PIRÁMIDE DE KEOPS

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

11 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Todo el mundo sabe que la pirámide de Keops no podría haberse construido si no existiese Keops, o si Keops hubiese perdido las elecciones antes de terminarla. Pero una cosa es la pirámide de Keops, pagada por Keops, hecha para gloria de Keops, y para enterrar a Keops, y otra la Ciudad de la Cultura, que ni está hecha al servicio de Fraga, ni la paga Fraga, ni va a servir, que yo sepa, para panteón de gallegos ilustres. Y por eso sólo caben dos hipótesis que explican las recientes declaraciones de Eisenman. La primera y más simple, que estuviese pensando en Keops mientras hablaba de Fraga. La segunda y más compleja, que considerase oportuno decir una de esas frecuentes estupideces que usan los genios para recordar que no son más que hombres y que, como ya dijo el clásico, ars longa, vita brevis. Claro que Eisenman no está en campaña ni es político, y que no cabe responsabilizar al PP de esa impresentable patrimonialización de una obra en la que no sólo se implican veinte mil millones de un presupuesto exangüe y lleno de agujeros negros, sino que se comprometen muchos millones de gasto corriente que habrán de ser desviados, in aeternum, hacia las pirámides del monte Gaiás. Pero también es verdad que Eisenman nunca hubiese dicho lo que dijo si no le hubiesen convencido de que su obra no es de Galicia, ni de quienes la pagamos, ni de los que van a sufrir o disfrutar sus costes y servicios, sino que es la pegada histórica que quiere dejar Fraga en una ciudad milenaria, para perpetuar su mandato más allá de las cinco mayorías absolutas que las encuestas le auguran. ¿Qué pasa, amigo Peter? ¿Es que en Estados Unidos dejan las obras a medias cuando cesa un presidente? ¿O es que se considera en tierra de indígenas, donde las cosas se hacen como en tiempos de Keops? Más aún: ¿Está su obra legalmente definida, presupuestada y adjudicada, en cuyo caso no corre peligro alguno, o andamos improvisando en plan carpetovetónico al socaire de la autoridad presidencial? ¡Es para cabrearse! Porque una cosa es estantiguarse como aldeanos ante el genio venido de la cosmópolis, y otra aguantar que te traten como a un indio tabajara y que te amenacen con dejar la cosa a medias, o mal hecha, si no votas al protector de Peter Eisenman. Claro que, al explicarle a Eisenman lo que Fraga representa, también le habrán informado de que puede decir lo que le dé la gana sin que nadie se dé por aludido. Por eso pudo repetir lo que el arquitecto de Gizeh le dijo a su mujer cuando la Gran Pirámide iba por el medio: «Querida Nefer, esta tumba es una desmesura, y si Keops la palma nunca se terminará». Pero eso sucedió en Egipto hace 4.621 años. Y, en aquel contexto, era disculpable.