ROBERTO L. BLANCO VALDÉS
04 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Touriño sube, Beiras baja: ese es, hasta la fecha, el más relevante de los cambios del Barómetro diario de Sondaxe. En apenas cuatro días, la ventaja inicial del candidato nacionalista sobre el candidato socialista, de casi cinco puntos, se ha transformado en una ventaja de Touriño sobre Beiras, aunque mucho más escasa. Es cierto que todo esto es en gran medida «leche y pan pa sopas», pues Manuel Fraga se mantiene como una roca en la cabeza de la tabla, recogiendo las preferencias como futuro presidente del 41% de los entrevistados, porcentaje que supera la suma de los de sus dos competidores. En todo caso, ¿por qué cae Beiras? Si yo les dijera que la cuestión es muy compleja, ustedes pensarían, con razón, que para ese viaje sobran analistas. Sea, por tanto. A mi juicio, Xosé Manuel Beiras baja porque sale más en la radio y en la tele desde que se ha acelerado la precampaña electoral. De pronto, un líder que está desaparecido habitualmente concede numerosas entrevistas en unos medios que permiten a los electores oír su voz y ver sus gestos y, claro, los electores van y se amilanan. ¿Pero era esto?, se preguntan. Pues, vaya por Dios, si era esto vamos dados. Y es que Beiras, que tiene el mérito de decir siempre lo que piensa y hablar con una rotundidad nada frecuente en ese mundo hipercorrecto de los políticos de oficio, no sólo dice cosas que dejan al ciudadano medio alucinado, sino que, además, las dice de una forma que hace dudar a sus oyentes de que esté en posesión de la frialdad y la imparcialidad que ha de tener quien pretende administrar los intereses generales y gobernar para todos los gallegos: los que lo han votado y los que no. Por eso Beiras concentra un gran apoyo entre sus más firmes partidarios y un gran rechazo entre todos los demás, que son la mayoría. El otro día, viéndole una vez más en una intervención televisiva, el niño de un colega preguntó a su padre con esa sinceridad inigualable que nace del candor. «¿Papá, y ese señor por qué está siempre incomodado?». De pronto, todos caímos en la cuenta de que esa era, justamente, la sensación que Beiras transmitía desde hacía mucho tiempo: la de un hombre enojado con el mundo. ¡Con todo el mundo!