XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS
23 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Así empezó Fraga, prometiendo la reforma administrativa y una reducción drástica de los altos cargos. El resultado fue una increíble proliferación de ejecutivos de medio cuerpo, con coche y móvil oficiales, que abarrotan los restaurantes más caros y transmiten una sensación de caos administrativo como nunca la hubo. Y eso sin contar las chiripitifláuticas reformas impulsadas por Dositeo Rodríguez, cuya filosofía consistía en cambiar el ordenador cada semestre, catalogar a conveniencia los puestos de trabajo, y montar terminales informáticas destinadas a informar al ciudadano -¡en tiempo real!- de que los suyo va como siempre. Pérez Touriño acaba de apuntar con el dedo acusador a un grave problema que cae de lleno -no como las autovías y la guerra de Afganistán- en el campo competencial de la Autonomía. Y por eso hay que saludar con gozo al primero de los grandes temas que irrumpe en la campaña electoral. El candidato socialista tiene preparación e información suficiente para saber que la Xunta está sumida en un marasmo de confusión y provisionalidad que la inmoviliza, mientras gran parte de la gestión se encomienda a consultoras privadas que sustituyen el ideal del servicio público por una insoportable catarata de eficientismo e imagen. También debe saber que las finanzas autonómicas sobreviven gracias a una agónica ingeniería financiera y presupuestaria que ya se está comiendo los recursos que van a ser imprescindibles no ya para invertir, sino para garantizar un correcto funcionamiento de los servicios. Y por eso debemos tomar nota de lo que acaba de decir Pérez Touriño, para exigirle cuentas tan pronto como nos sea posible. Porque su diagnóstico va mucho más allá de la coyuntura electoral, y el seguimiento de su promesa ya le compromete desde ahora mismo. Pero ya se sabe que nunca falta un pero. Porque si sabían todo esto, y conocen la solución, ¿cómo es posible que la oposición no se haya articulado sobre estos temas? La cuestión tiene relevancia extrema si se completa con otros asuntos de similar naturaleza. ¿Cómo se asignan los recursos a la enseñanza? ¿Cuánto dinero se desvía hacia ayuntamientos ineficientes y manirrotos para sustituir la gestión que no hacen y los impuestos que no cobran? ¿Cómo se evalúan los resultados derivados de la intrincada y escurridiza administración paralela? ¿Qué significado tiene la proliferación de organismos y empresas públicas que se rigen por el paradigma funcional de la empresa privada? Con sus palabras del sábado Pérez Touriño inició un camino tan prometedor como difícil. Y, aunque es cierto que lo hizo arrastrado por la dinámica electoral, también es verdad que nunca es tarde si la dicha es buena.