¿CRUZADA O GUERRA SANTA?

La Voz

OPINIÓN

MIGUEL DELIBES

18 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El hombre, una vez suelto el animal que lleva dentro, no encuentra límites a su crueldad. El atentado contra las torres de Nueva York, por ejemplo, es algo que no tiene nombre: ¿Incalificable? ¿Monstruoso? Dejémoslo ahí con mi más enérgica condena. Hoy nos hallamos ante el anunciado segundo acto de la tragedia: la represalia americana. Estados Unidos se esfuerza por arroparse, por ganarse aliados, antes de iniciar aquélla. Necesita apoyo moral. Habla de democracia, de la adhesión de Dios a su causa, de guerra (sin determinar enemigo) y sobre todo de libertad. ¿De quién? ¿De los afganos, de los iraquíes, de los palestinos, quizá? No especifican, pero debemos entender que de la libertad de todos. En cambio se habla poco de Justicia. ¿Es normal que para reprimir un atentado criminal se hable de libertad y no se hable de justicia? Y ¿por qué no se habla de justicia? ¿Tal vez no han sido justos -o siquiera imparciales- los americanos en todos los pleitos en que se han visto envueltos los musulmanes? ¿Están siéndolo en la larga pugna entre israelíes y palestinos? Por de pronto, Bush habla de cruzada para definir su represión tal vez para oponerla al término guerra santa que ha resucitado algún líder musulmán. ¿Así andamos todavía? ¿Está Dios con ellos, como dicen? ¿Con quién estará Dios? Desde luego, no con los autores de la masacre de Nueva York, por descontado, pero tampoco, quiero creer, con los que se obstinan en seguir ignorando, cuando no humillando a los países más débiles y desposeídos de la Tierra. Castigo a un pueblo Señor Bush, señores de USA, comprendo y comparto sus sentimientos de dolor, pero, ¿por qué este afán de buscar un pueblo, unos estados a los que castigar? Debe hacerse justicia, es cierto, así que castiguen individualmente a los responsables del atentado de Nueva York, búsquenlos bajo las piedras, si hace falta, pero respeten a los pueblos donde se alojan -fundamentalistas los hay en todas partes- y demuestren al mundo no su fuerza y su poder, que todos reconocemos, sino que sus niveles éticos y humanos, su capacidad de amor y comprensión, están muy por encima de sus explicables deseos de venganza.