ESCUELAS DE MALDAD

La Voz

OPINIÓN

MANUEL-LUIS CASALDERREY / RINCÓN ABIERTO

16 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El 11-S de hace cinco años asistí en Washington a un espectáculo en el Centro Kennedy. La ida en un taxi conducido por un pakistaní y la vuelta en otro pilotado por un afgano. Tipos normales que trataban de vivir dignamente de su trabajo. Probablemente no asistieron a escuelas de maldad, como los autores de la barbarie de las Torres Gemelas y el Pentágono. Me resisto a creer que pertenezcan a la especie humana. A pesar de la evidencia, no concibo que alguien pueda planificar el lanzamiento de aviones cargados de pasajeros contra edificios llenos de personas y mucho menos que se ejecute el plan. ¿En qué escuela de maldad han llenado su alma de tanto odio como para matarse haciendo morir a tanta gente y provocando tan cuantiosos daños materiales? Seis días antes, desde una de las Gemelas, había visto como hormigas a las personas que paseaban por su base. No había viento y la temperatura era agradable. Un día magnífico con visibilidad limitada. Un letrero en castellano poco concordante decía: «Peligro: cerca electrificado». Nadie más volverá a leerlo, por culpa de esos miserables que envenenaron su alma en escuelas de maldad.