YA TODO ES POSIBLE

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS EL OJO PÚBLICO

13 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El mundo en que hemos vivido hasta anteayer se basaba en la certeza de que había cosas posibles e imposibles. De esa certeza dependía, claro está, nuestra tranquilidad y seguridad. Pero no sólo eso. De ella dependían, también, en gran medida, muchos de los engranajes del sistema político, económico y social occidental. Los precios, por ejemplo. O el control de la inmigración en las fronteras. O la seguridad en los transportes. O el tráfico turístico. Es seguro que los miles de personas que se quedaron atrapadas en el horror de una muerte inevitable dentro de las Torres Gemelas neoyorquinas se fueron a trabajar el 11 de septiembre convencidas de que volverían a sus casas. Es imaginable, por supuesto, que alguna de ellas partiese con el temor de que le robasen la cartera; o de ser atropellada; o, incluso, ¿por qué no?, de sufrir una agresión: Nueva York es una ciudad inmensa, violenta y peligrosa. Todas ellas se hubieran reído a carcajadas, sin embargo, si algún bromista se hubiera atrevido a sugerirles que las Torres Gemelas se hundirían tras ser atacadas por un grupo terrorista. Idéntica reacción hubiéramos tenido cualquiera de nosotros, por supuesto, ante la pretensión de convencernos del estallido de una bomba atómica en París, o de la voladura con explosivos del Aeropuerto de Barajas. Sencillamente porque sí: porque esas cosas no sucedían y porque nuestro mundo funcionaba sobre la base de que esas cosas no podían suceder. Pues bien, sí pueden. Desde anteayer sabemos que sí pueden. Será eso, mucho más que cualquier otra circunstancia, lo que convertirá al 11 de setiembre del año 2001 en un día fronterizo en nuestra historia. Mucho más que una catástrofe humana que iremos descubriendo con pavor, y que las imprevisibles reacciones políticas de unos y de otros ante un crimen que no tiene precedentes, y que las temibles consecuencias económicas que de él podrían derivarse, lo cierto es que el atentado que el lunes tuvo lugar en Nueva York ha echado por tierra nuestras certezas sobre lo que en este mundo resultaba posible e imposible. Se tomarán a partir de ahora miles de medidas. Y habrá miles de debates. Y se sugerirán miles de soluciones descabelladas o acertadas. Pero ya nadie podrá evitar que millones de ciudadanos, de una a otra punta del planeta, tengamos una sensación que a todos nos ha penetrado hasta los tuétanos: la de que en este mundo occidental seguro de sí mismo es posible todo lo que resulta imaginable. Pues, como, aterrorizados, el lunes hemos podido comprobar, lo único que hacía invulnerables a las Twins era que nadie había imaginado la posibilidad de derribarlas.