CAMBIO DE FAUNA

La Voz

OPINIÓN

SHANNON STAPLETON

JUAN J. MORALEJO ÁLVAREZ EL ORÁCULO DE DELFOS

10 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La garza y yo nos madrugamos un susto recíproco, sorprendida ella al pie del amieiro y sorprendedor yo, que iba a mis liturgias; mejor diré que sorpendido yo y sorprendente ella, para no caer en una cosmovisión antropocéntrica que desdiría de mi altísima corrección política en lo ecológico. Pero nos recuperamos del minisofoco enseguida, reposada a unos cuantos metros la garza con su cuello de garza, nunca mejor dicho, y yo, con mi calva de calvo, todavía mejor dicho, atento a mis adicciones, de las que vino a sacarme el ir y venir de una ardilla con la que tuve un intenso coloquio ocular, sin palabras, a ver quién de los dos se movía el primero. Si no me muevo yo para alarmarla, todavía la tenemos de Don Tancredo, y yo, el folio y ustedes esperando. Cortegada de Miño, capital del mundo, donde hace veinticinco años la garza era rareza, casi exotismo, y la ardilla era cosa de Walt Disney. Mi abuelo, allá por 1900-1930, era médico de los dos lados de la raya, desde Silva Escura y Penagache a Crasto Leboreiro y Peneda, y mi madre recordaba que algunos cazadores de por allá arriba le regalaban a mi abuelo carne de corzo y de jabalí, pero en todo el valle estos dos animales eran desconocidos. Ahora los corzos van a más y las uvas a menos, mientras los jabalíes no dejan maizal, patatal ni verdura en pie, y la gente empieza a sentir un ligero macabeo y a gastar en cercas y alambradas. Hace años sobraban conejos, con sitios en los que se podía hasta andar a pedradas con ellos y no se podía sembrar nada que ellos comiesen. Y había una aceptable representación de liebres y perdices. Los conejos hoy son cuatro desesperados supervivientes de la peste repetitiva y contra la que no hay coneja que dé abasto por muy coneja que se ponga la coneja. De liebres, cero: como dudo de que haya alguna y no puede haber digamos que 0''75 de liebre, opto por el cero. Alguna que otra vez alucinas con un par de perdices y no se lo dices a nadie en la esperanza de que el par llegue a docena. En fin, un revolcón de la fauna del que no se enteran cuervos, raposos, pegas y algún que otro entre parásito y carroñero, dicho sea como reflejo de lo que hay. Y el revolcón de la fauna silvestre se acompaña del todavía mayor en la doméstica: hace años que ya no hay una vaca y me sospecho que la gente de treinta para abajo ya no saben qué significaron estrume, ladral, cheda ...; queda algún nostálgico del par de pericas pastando por las cunetas y todavía hay quien tiene un par de gallinas con las que cantarte las excelencias del huevo casero. Todo es ya nostalgia mínima, puro margen biológico. El único animal doméstico que se mantiene por esta zona es el cerdo. Y no sólo se mantiene, sino que ha mejorado cantidad en su nivel de vida, tanto que hasta tiene colchón, nevera, televisor, lavadora, bicicleta ... y, cuando se le estropean los tira al río, precisamente al río en el que la garza y yo nos asustamos, la ardilla y yo nos miramos.