CÉSAR CASAL GONZÁLEZ DE SOL A SOL
30 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Aún están aquí los ultracuerpos, los mesetarios que todo lo saben. Son una plaga, como la de la langosta. Son la tropa que lava más blanco, la infantería del equipo nacional, la vergüenza del país. Los cabos furrieles de Zidane y compañía. Como sus ídolos, ganan sin salir al campo. Veranean en Galicia y saben más de nosotros que nosotros. Interpretan mejor el tiempo, el asma de una gaita o el flirteo de la muiñeira. Son maestros en distinguir el tamaño de los percebes. Da igual lo que les cobren porque siempre dirán que es una puñalada. Pero a ellos no los engañan, no. Ellos que pagan las copas más caras el resto del curso, que disfrutan con la inflación de vivir apelotonados en la capital. Todos los años se repite el mismo atasco de mesetarios. ¿No estarán mejor en la parrilla de Benidorm? Que nos dejen en paz con nuestras puestas de sol a media velocidad, con nuestras carrilanas. Hay muchas maneras de distinguirlos. La más evidente es por el volumen. Cómo chillan y trituran las sílabas. Ellos, que malviven en un polígono edificado de la meseta, en un barrio de bloques con un río cutre, en que los patos parecen ratas, dicen que estamos atrasados, que somos unos provincianos (ja).