TRADICIONES

La Voz

OPINIÓN

CÉSAR CASAL

27 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El nacionalismo suele ser folclore improvisado. A mí el nacionalismo que me gusta es el gastronómico, pulpo y albariño. Pero que se tiren el vino por encima me parece lamentable. Sucedió en Cedeira. El juego consistía en regarse con kalimocho. Al estilo de la tomatina de Levante. También pasó en los míticos Caneiros. La periodista Montse Carneiro lo contó en su deliciosa Dolce Vita, «te vendían vino para beber o vino para tirarse». ¿Nos estamos volviendo locos? En Vilagarcía son más higiénicos y se tiran agua. Lo peor es que aparecerán los antropólogos de última hora que dirán que era así desde tiempos ancestrales. Breogán ya era un histórico del baño en kalimocho. Una tontería se repite tres años y ya forma parte del acervo sanguíneo de un pueblo, de su RH. Un tipo serio como Julio Caro Baroja había desenmascarado a los vascos. Les soltó que la costumbre de levantar piedras era tan antigua como los sobres de Nescafé, de anteayer. Lo peor es que cualquier excusa es buena para levantar fronteras, para crear tradiciones que alejen, hasta el kalimocho. Como dice el clásico, «no hay nada que se parezca más a un hombre que otro hombre, incluso en la estupidez».