CARLOS G. REIGOSA DE SOL A SOL
27 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Gilmente hablando, lo de los juzgados de Marbella sigue sin tener pase. Y cuanto más se piensa, peor es la impresión. Gilmente hablando, el caso es ostentóreo y de mucho volúmen: nada menos que 50.000 fueron los folios que desaparecieron en un pispás, visto y no visto. Con todo lo que ello significa: destrucción de originales, demoras en las instrucciones, pérdida de confianza en la justicia, puesta a la vista de unas eficaces tramas de corrupción, etc. Pero todos cierran filas y nos dicen que no hay de qué preocuparse, que el Poder Judicial fue diligente en su actuación (Arenas dixit), que la situación está bajo control, que el rigor y la profesionalidad presiden las actuaciones y que la justicia -la de los ojos vendados- caerá con toda su fuerza sobre los responsables. Un porvenir idílico, pues. Lo que nadie dice -como ocurría con las viejas utopías- es cuando llegará todo eso, cuando se hará realidad ese prometido imperio de la ley (democrático, por supuesto). Entre tanto, como dijo nuestro poeta Salvador García Bodaño hablando de Galicia, seguimos en la tierra en donde todo es porvenir y no llega. Gilmente hablando.