UN MARILYN DE BARATILLO

La Voz

OPINIÓN

ROBERTO L. BLANCO VALDÉS

25 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Al igual que para ustedes, el demonio es para mí un ser desconocido. Recuerdo, sí, de la Universidad, a un líder comunista a quien apodábamos O demo: bellísima persona, el mote procedía sólo de su aspecto: de su mirada escrutadora, de sus formas sinuosas y, sobre todo, de su faz, afilada y de un moreno algo cetrino, a la que perilla y barba rala daban ese aspecto medio espectral que le suponemos al maligno. Mi memoria de niño alberga, claro, los grabados de los libros de historia sagrada, donde el demonio, abatido siempre por la espada flamígera de Dios, era medio murciélago y medio mascarita: nariz ganchuda, tridente, uñas afiladas, capa roja. Nada que ver, desde luego, con la heladora composición realizada por De Niro en El corazón del ángel, donde Lucifer toma cuerpo en un enigmático sujeto, trasunto en el mundo de los vivos de un diablo atormentado por su dominio de lo oscuro. O con las sobrecogedoras pulsiones de Satán que recorren la mejor literatura de terror, desde Poe a Lovecraft, desde Hodgson a Guy de Maupassant. Y es que, aun desconocido para todos, todos podemos imaginarnos al diablo. O, mejor, a los diablos. Al del mal, en la figura de Adolf Hitler revistando en Nüremberg a sus enviados de la noche; y al de la sabiduría, que podría presidir aquel maravilloso Diálogo en el infierno entre Maquiavelo y Montesquieu, que Maurice Joly fabuló a finales del siglo XIX; y aun al de la pena, ese pobriño Pedro Botero de nuestra tradición oral, condenado a ser diablo sólo para engrandecer la dimensión de Dios. ¿Y a Marilyn Manson? ¿Quién de ustedes se imagina la maldad, la pena o la sabiduría del demonio en la figura repulsiva de ese nuevo supuesto astro de la música, que se viste de Luzbel de baratillo -con tanga negro y corsé de correajes-, que se toca los testículos para escandalizar al respetable y que, en fin, presenta la cruz de Cristo combinando un fusil y unas pistolas? ¿Quién no adivina entre su violencia estética y su cara de criminal de la calle 120 con la 5ª, a uno más de esos badulaques inmorales que viven de la ingenua confusión de nuestros jóvenes? Recuerdo que siendo yo un adolescente, de esos que ahora llenan los conciertos del tal Manson, me encontré, ordenando los papeles del despacho de mi padre, una foto de un sujeto con aspecto de ricacho, posando ante un haiga que yo consideré entonces imponente. Viéndome algo impresionado, una de mis tías se limitó a comentar mirando hacia mi padre: «É un retrato de José da merda fresca». Y es que los años permiten ver más allá del lucerío. Ése que ahora tiene deslumbrados a los forofos de quien no es más que un verdadero Marilyn da merda fresca.