SEGUROS EN LA FLOR DE LA VIDA

La Voz

OPINIÓN

JUAN J. MORALEJO EL ORÁCULO DE DELFOS

20 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

De las compañías de seguros a las entidades de beneficencia hay varios años-luz y, además, dando un rodeo por Viana do Bolo y Fonsagrada. Las compañías de seguros apuestan sobre seguro y para apuestas de farol con los de Bilbao llega y sobra. Compañía de seguros: la etimología no falla, los que están más seguros son los de la compañía. En consecuencia, hacen falta datos, y no quejas ni ventoleras, para desmontar la actitud de las aseguradoras que multiplican equis veces el precio del seguro a los conductores jóvenes o incluso se niegan a asegurar a conductores que están en la flor de la vida, que es una flor de lo más fanerógamo que hay y es lástima ponerla en esquela. Hay cosas que no se pueden decir, pero, como son cosas que se saben y se dicen solas, la censura importa poco. Por ejemplo, cualquier individuo puede hacer tropelías con cualquier coche, pero hay un par de marcas y modelos que ya traen de fábrica el loco pirado; están creados y publicitados (y comprados) por y para correquetecagas. Y esto que digo vale para conductores de cualquier edad y, en privado, diré ese par de marcas para pirados y coincidiré con un 80-85% de mis interlocutores. A algunos o a bastantes de la flor de la vida les vale cualquier cosa que tenga motor para andar a su aire y engordar la estadística que obliga a las compañías de seguros a precios anormales. A riesgos anormales, precios anormales. A lo mejor, para los que fuimos jóvenes y para los que todavía lo son vendría bien algo menos de recaudación aleatoria por radar y algo más o mucho más de soplímetro, vigilancia en stop, giro a la izquierda, adelantamiento indebido, semáforo y paso de cebra... y, desde luego, declarar pendiente y urgente desde la guardería el aprender disciplina vial. En mi experiencia, lo que hay que corregir en cómo se comporta bastante gente joven en el tráfico, tanto urbano como de carretera, es la actitud de una real gana que no es precisamente el saber que se salta tal o cual norma concreta, sino el pasar previa y ampliamente de que haya normas, que son cosa de carrozas o de cortos. A más de un pollo le sobra toda norma que no sea su propia suficiencia, su farde... y para darle por el palo que le gusta está la publicidad. Me explico: en tiempos antiguos el gran mentiroso, el fingidor por antonomasia, era el poeta, que sabía encandilar al auditorio y hacer que todo quisque se sintiera un poco Aquiles o no le hubiese importado ser Eneas. Hoy el gran mentiroso, el engañabobos es el publicitario y en la publicidad de automóviles sobra y es rematadamente cínica esa advertencia de que todas las alegrías que se ven en pantalla están rodadas por especialistas en circuito cerrado. Eso sobra y es cínico porque es el cebo para tanto Fittipaldi de palleiro, especialista de sí mismo y que tiene por circuito cerrado para sus habilidades toda la red viaria pública. Valdría la pena revisar y prohibir ciertas memeces publicitarias.