PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS
15 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.No hace muchos meses, en plena efervescencia de la tolemia vacuna, surgió en Galicia la idea de matar medio millón de vacas. Con tan radical decisión, era claro que se acababa con el problema: consumado el sacrificio, ya no tendríamos vacas locas, ni cuerdas, claro es. Esto, en tierra de comedores de patatas y terneras, no parecía sensato, pero sin duda resolvía expeditivamente la cuestión. Algo así había pensado meses antes el ministro de Transportes ante aquellos retrasos y cancelaciones en los aeropuertos que tanto agobiaban: suprimir los vuelos. Si no había vuelos, no podía haber retrasos. Genial. Un loco hace ciento, si le dan lugar y tiempo. Lo curioso es esta vida paralela de vacas y aviones, tan distintos ellos, pero afectados por el mismo mal: el overbooking y el descontrol político y mental. Distinto es, en cambio, el destino de quienes respectivamente los manejan. A los pilotos de Iberia se les hace todo tipo de concesiones, tras ponernos a todos contra las cuerdas. A los ganaderos gallegos, por el contrario, se les va simplemente a jubilar, según se dice. Mismo parecieran material específico de riesgo. ¡Qué barbaridad!