MARÍA XOSÉ PORTEIRO
11 ago 2001 . Actualizado a las 07:00 h.¿Se les ha ocurrido alguna vez comparar a Galicia con un pulpo? Les propongo este juego dominical aprovechando que hoy se celebra en O Carballiño la trigésimo novena edición de una de las más veteranas fiestas gastronómicas del país. Además del lugar ideal para degustar el rico cefalópodo, la fiesta del pulpo de Carballiño se ha ido convirtiendo con el devenir de los años en una cumbre internacional y oficiosa de la emigración. Tal vez por este motivo acudirán a la villa termal los pesos pesados de la política gallega, empezando por don Manuel, que será homenajeado como auténtico impulsor de una fiesta declarada de interés turístico nacional en el año 1969, cuando era ministro de Información y Turismo. Siguiendo por el destacado socialista y alcalde de Lugo, Xosé Clemente López Orozco, que este año personifica el homenaje rendido a su ciudad por la acendrada costumbre local de consumir pulpo en las fiestas patronales de San Froilán. Y finalizando por el director xeral de Turismo, carballiñés de pro, Aurelio Miras Portugal, que desde su cargo en la Xunta se ha volcado con la fiesta y también recibirá un reconocimiento oficial por su labor. Todo ello orquestado por el alcalde, Manuel Vázquez -Pachi-, de quien dicen las buenas lenguas que es un hombre inteligente a la par que bueno. Tan raro es que ambas virtudes vayan unidas que su paso por la política deja huella. Al primer calificativo se aplicaría su capacidad para congregar en su municipio a lo más granado de la política gallega que no puede perderse una fiesta multitudinaria a la que acudirá una extensa e intensa representación de dirigentes de los centros gallegos de América y Europa. Al segundo haría referencia su preocupación y compromiso con los gallegos de la diáspora, para lo que le sobran razones, algunas de tipo personal. En este momento pasan sus vacaciones en la comarca del nordeste de Ourense unos 10.000 emigrantes residentes en México, Panamá, Venezuela y Argentina, casi todos de la estirpe de los triunfadores, con poderío económico e influencia tanto en sus comunidades como en sus patrias de acogida. La tradición de encontrarse para tomar pulpo en Carballiño durante las vacaciones y de paso celebrar un encuentro oficioso aunque decisivo, viene de antiguo; por ello el ayuntamiento ha hecho frecuentes reconocimientos en anteriores ediciones de la fiesta a cada uno de los grandes centros gallegos del mundo. Héte aquí, por lo tanto, como en O Carballiño el pulpo deviene en metonimia de Galicia: animal que reúne en un abrazo simbólico costa e interior, cuya cabeza es el punto de partida de numerosos tentáculos que se lanzan hacia el exterior sin perder su conexión con el núcleo matriz. Ahora que Galicia se prepara para unas elecciones autonómicas y el voto emigrante resulta crucial para determinar de qué lado caerá la mayoría de gobierno, veremos como Fraga, Touriño o Beiras, sin necesidad de cruzar el charco, podrán dar la mano y buscar el apoyo de los más cualificados dirigentes de la emigración gallega sólo con tomarse un pulpo en O Carballiño. Allí encontrarán el exquisito manjar, quién sabe si los votos decisivos para el futuro del país y a un alcalde que para sí lo quisiera Nueva York.