ESCÁNDALO GESCARTERA

La Voz

OPINIÓN

PEDRO VILLALAR AL DÍA

27 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Poco a poco, el escándalo de Gescartera se hincha, crece, aparecen en él nombres conocidos y, a la sombra del dinero blanco y del dinero negro, se intuyen miserias y avaricias sin cuento que, de momento, ya acreditan la fragilidad de nuestro sistema financiero, insuficientemente controlado. Entre quienes contemplamos el espectáculo, cunde, además del estupor, cierta irritación. Porque ahora sabemos que algunos de los gestores no eran trigo limpio, que ya hubo sanciones anteriores (ocultadas a la opinión pública, nadie sabe por qué), y que quizá sea condenado a penas de prisión alguno de los administradores infieles del dinero ajeno pero lo que se ha evaporado no reaparecerá. No es difícil deducir que la Comisión Nacional del Mercado de Valores ha fracasado absolutamente en el control de estas entidades. Porque, además, si es cierto que los responsables de Gescartera presentaron reiteradamente avales falsificados, lo inconcebible es que dicho organismo público no fuera capaz de detectar en cinco minutos tal falsificación. ¿O acaso la rígida disciplina bancaria se basa en la buena fe y no en el contraste estricto de la realidad contable?