RINCÓN ABIERTO / Manuel Luis Casalderrey
21 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Castración, no química, la practicaban los capadores ambulantes que recorrían los pueblos gallegos de mi niñez. Se anunciaban haciendo sonar el castrapuercas, silbato compuesto de varias cañas sencillas unidas. Los titulares de prensa hablan de la castración química de pederastas y de otros individuos confesos de delitos sexuales, que desean curar sus perversas tendencias y salir de la cárcel. Castración por medicamentos, podría ser un título alternativo, pero sonaría mal porque las medicinas se han hecho para curar y no para castrar. Se reduce el nivel de testosterona, la hormona sexual masculina y se administran hormonas femeninas, debido a lo cual el cuerpo masculino se feminiza, las mamas se desarrollan y se atenúan las exacerbadas tendencias sexuales. Cualquier tratamiento con hormonas entra dentro del campo de la Medicina y son los médicos los que las recetan. Sin embargo, en este caso, se llama castración química y no médica porque es un proceso considerado nefando. La Química se lleva todas las culpas y deméritos. La bondad de un producto se pregona sin química. Si una sustancia química cura una enfermedad, se le llama fármaco o medicina. La contaminación química es la más nefasta de todas. El agua nunca será un producto químico. La peor de todas es la castración mental, que no se anuncia con silbato, pero te deja el alma capada, sin testigos cerebrales, más importantes que los testículos.