CADUCIDAD

La Voz

OPINIÓN

MUY AGUDO / Ernesto S. Pombo

19 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El Fiscal General del Estado ha caducado. La estrategia de Jesús Cardenal para evitar que al ministro Piqué se le exijan responsabilidades penales, se ha saldado con resultados exitosos para el Gobierno Aznar y la propia fiscalía. Pero ha dejado bajo sospecha, nuevamente, a una de las principales instituciones de nuestro país. Si todos los que participaron en el caso Ercros han sido imputados por la oscura operación, ¿por qué no lo es Josep Piqué que se responsabilizaba de la dirección general de Estrategia Corporativa?, se pregunta el ciudadano poco introducido en los entresijos judiciales. vJesús Cardenal puede estar satisfecho. Ha hecho bien su trabajo. Habría que agradecérselo si no fuese porque representa a una institución sobre las que no debe de pesar la menor duda. Su enfrentamiento con Martínez Zato y Jiménez Villarejo ha rozado el esperpento. Su labor para derribar el informe del fiscal Bartolomé Vargas, que proponía la imputación de Piqué en las mismas condiciones que los otros consejeros de Ercros, ha superado el absurdo. Sus posteriores argumentaciones lo llevaron al ridículo. José María Aznar y Felipe González, que tanto se repudian, coinciden, entre otras muchas cosas, en su obcecación por evitar, a cualquier precio, ver a sus ministros ante los tribunales. Y los fiscales generales se han convertido en el arma idónea que han utilizado ambos, sin el más mínimo escrúpulo, para cumplir sus pretensiones. Conviene no olvidar los papeles desempeñados en su momento por Eligio Hernández, Carlos Granados, Leopoldo Torres, con los gobiernos socialistas, y a Juan Ortiz Urculo, ya con los populares. Decisiones polémicas, rebeliones de fiscales y apoyos en cada caso al partido político que lo designó, los llevaron a abandonar por la puerta de servicio. Los fiscales generales caducan con rapidez. Como los yogures. Casi sin que te des cuenta. Y caducan porque se erigen en indignos protagonistas de espectáculos lastimosos. Porque tienen un celo especial por defender lo indefendible. Lo incoherente. Jesús Cardenal ha caducado por mucho que se afane en decir que sólo lo mueve la defensa de la legalidad, la sociedad y la justicia. Ha caducado como sus antecesores. Por la credibilidad de la institución a la que representa, por la sombra de la duda sobre su independencia, por las sospechas surgidas, se hace necesario el cambio. Aunque la historia está condenada a repetirse.