PARÍS Y BERLÍN

La Voz

OPINIÓN

CRISTÓBAL RAMÍREZ LA OTRA MIRADA

12 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Algunos descubren a estas alturas que el agua moja, y, en esa línea argumental, aseguran que en la Unión Europea no todos somos iguales. Como la UE se define como un proyecto común o no se define de manera alguna, hasta los países más pequeños pontifican sobre cualquier cosa, sea la ampliación hacia el este o la política pesquera. Siempre asegurando que después del día viene la noche, ahora se pone en evidencia que París y Berlín mantienen una coordinación permanente por encima de sus últimos desencuentros. Así, han recordado al mundo que las auténticas locomotoras de la UE son ellos. La sinceridad no ha gustado a más de uno. Pero las cosas son como son. Durante bastante más de un siglo las conflagraciones que sacudieron Europa tuvieron como contendientes principales a Alemania y Francia. Por lo tanto, cualquier acercamiento entre ellos tiene que ser saludado con alegría, máxime teniendo en cuenta que, a pesar de todo, el vacío dejado por Kohl y Mitterrand está todavía por cubrir. Hay también, además, una dimensión estrictamente nacional. Gerhard Schroeder, el canciller alemán, busca consolidar su liderazgo con un guiño a la ciudadanía. Lionel Jospin, primer ministro francés, precisa demostrar a sus compatriotas que él es un excelente y serio gestor, no como el presidente Jacques Chirac, acosado por la justicia de su país precisamente por su oscura gestión cuando era alcalde de París. Y así están las cosas. Lo demás, pura envidia.