A 101 DÍAS DEL 21-O

La Voz

OPINIÓN

ANXO LUGILDE SIN CONEXIÓN

10 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

«Majetes, que sí, que es el 21 de octubre». Si el Guiñol de Canal + se ocupara de los lejanos asuntos gallegos, sus geniales guionistas nos podrían haber regalado un buen gag, con Esperanza Aguirre filtrando la fecha de las elecciones a Touriño y Beiras a espaldas de Fraga. No hubo gag y nos quedamos con un anuncio de la fecha electoral extraño, atípico y, por sabido, carente de emoción. ¿Será de nuevo esa ausencia de emoción la característica esencial de las elecciones gallegas? Desde aquel 16 de diciembre de 1989 en el que Fraga desembarcaba con un torrente de libros blancos -de los que aún se editan secuelas-, la incertidumbre desapareció de la política gallega, precisamente cuando reaparecía en la escena española. Hace unas semanas en Cuba, un visitante habitual de Galicia, el vicepresidente Gallego Fernández, me preguntaba con incredulidad si de verdad era posible que Fraga perdiera. «Es muy díficil, pero quizás desde el 89 sea ésta la primera vez en la que hay ciertas expectativas de cambio, aunque el gran dominio del PP en el voto emigrante hace poco probable una derrota», salí del paso. Camino de las ocho décadas de vida, con doce años gobernando la Xunta y sacudido por graves crisis en los sectores clave, Fraga, pese a todo, puede presumir de haber presidido una de las grandes épocas de transformación de Galicia, de modernización de sus infraestructuras, de apertura al exterior y de surgimiento de milagros económicos como el textil. Pero también ha sido una etapa de atonía cultural, incremento del tribalismo local, depresivas crisis para la ganadería y la pesca. Quedan grandes cuestiones pendientes: el alarmante declive demográfico, la falta de un modelo coherente de desarrollo territorial o la penuria de la otrora boyante comunidad gallega en Sudamérica. La combinación de las transformaciones y las tareas pendientes, así como los recientes episodios de las vacas locas y el fin de la pesca en Marruecos, conforman el caldo de cultivo perfecto para el surgimiento de una alternativa que traslade a la arena política la mutación sociológica registrada durante los 90. Sin embargo, a 101 días de las elecciones resulta muy difícil percibir en Galicia la ilusión previa a un cambio histórico de tal dimensión. En este contexto, quizá la pregunta correcta no sea si Fraga puede ser derrotado sino: ¿puede ganar la oposición? En ese caso, y si el PP sigue en el poder, habrá que concluir que perdió la oposición.