BENIGNO PRADO DE SOL A SOL
08 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Lo del aceite de orujo de oliva puede tener un cierto parecido con el escándalo de las vacas, como titula la prensa sensacionalista británica: «Aceite loco». A nosotros nos sabe a rancio, sórdido, antiguo aunque no tanto, no tanto. Se le da un aire a glosopeda y peste porcina, epizootías que no son de ahora, sino muy familiares, especialmente entre nosotros, los gallegos. Pero nos huele más a licor metílico, aquel que surgió del Ourense del «subdesarrollo» y saltó de un continente a otro, Europa-África, como el saltaparapetos de la Guerra Civil pero bajo la forma de veneno activo. Y sobre todo al aceite de colza desnaturalizado, naturalmente. Si bien este caso no parece ser doloso, tampoco es creíble que se desconociese el riesgo cancerígeno de la mezcla. Un cóctel letal -pero más civilizado por estadísticamente aleatorio- de lucro incesante y pobreza vergonzante, el «impuro de oliva». Por cierto, ¿algún otro país miembro de la Unión Europea productor de aceite de aceituna, lo elabora también a partir del orujo? ¿O será una variedad del sol de España embotellado?