LA HUELGA ES (SÓLO) UN DERECHO

La Voz

OPINIÓN

EL OJO PÚBLICO / Roberto Blanco Valdés

03 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La esencia misma de la huelga, como derecho protegido por la ley, es causar daño. Tan es así, que sin tal daño la huelga dejaría de existir como instrumento de defensa de los derechos de los trabajadores. Y es que la presión sobre el patrón -público o privado- que toda huelga lleva aparejada no es sino la derivada de la lesión que para él mismo supondrá la inactividad de los trabajadores que acuden a la huelga. Todo esto es tan evidente que sólo resulta necesario recordarlo para aclarar el auténtico sentido de lo que seguidamente se dirá: que ese daño no puede ser ilimitado, ni puede depender únicamente de la exclusiva voluntad de los huelguistas. Por eso en todos los países democráticos, donde el derecho de huelga está reconocido y amparado, está también limitado por las leyes. Las leyes prohíben, así, que los huelguistas puedan condicionar, por medio de amenazas, a los trabajadores que deciden no hacer huelga. Y establecen, por ejemplo, que si aquella afecta a la prestación de servicios esenciales para la comunidad -el transporte de viajeros, la recogida de basuras o el funcionamiento de escuelas y hospitales- las administraciones en cada caso responsables podrán establecer servicios mínimos susceptibles de evitar que el legítimo ejercicio de la huelga acabe degenerando en caos social. Pues el caos social y no otra cosa suele ser la consecuencia inevitable de las huelgas salvajes en los servicios estratégicos. La que estos días han desarrollado los transportistas de viajeros en las Islas Baleares es un ejemplo de libro de lo que no resulta tolerable. ¿O lo es que los intereses laborales de un colectivo de mil trabajadores lleguen a afectar, tras una huelga brutal en la que se ejercen graves coacciones y en la que no se cumplen los servicios mínimos legalmente decretados, a cientos de miles de viajeros y al tráfico aéreo de media docena de Estados europeos? A alguien podría ocurrírsele contestar esta pregunta afirmando que sin mojarse el culo no es posible pescar truchas. Sea: pero admitamos que ni es de recibo que el culo sea siempre el de los mismos -los ciudadanos que no tienen nada que ver con las causas del conflicto y que en modo alguno pueden solventarlo- ni que mientras las truchas a pescar se cuentan por docenas los traseros a mojar se cuenten por millares. La huelga es un derecho, pero es un derecho nada más. Ni es una patente de corso para incumplir la ley sin consecuencias, ni una habilitación legal para causar daños sin tasa: no está de más recordarlo hoy, visto lo visto en Baleares; y visto lo que algunos señoritos de gorra y galón en las hombreras nos tienen preparado para todos los martes de los dos próximos meses.