MESTIZAJE

La Voz

OPINIÓN

JUAN CARLOS MARTÍNEZ MUY AGUDO

28 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Llegaron aquí como aquel piadoso Eneas, «que traigo conmigo en mis naves los patrios penates, arrabatados del furor de los enemigos, y voy buscando mi patria, Italia, y el linaje del supremo Júpiter, de quien desciendo (...) Yo mismo, desconocido, menesteroso, ando perdido por los desiertos de África, repelido de Europa y de Asia». No estaba aquí Virgilio para cantar su aventura, pero sí los vates de la prensa, que los recibieron con esperanza. Habían cruzado el océano para rellenar las filas que los nativos del país no cubren en el Ejército y en la Armada. Ahora, una vez comprobada la realidad de la oferta, comienzan los abandonos. Las Fuerzas Armadas profesionales no acababan de abarrotarse. El Ejército español sigue con su penitencia: nunca llegará el canje de las mulas por helicópteros que se prometían las guarniciones de montaña. La atracción no es tan fuerte ni siquiera para estos hijos de la emigración, interesados en retornar al origen desde sus países de acogida, en los que las condiciones de vida se han deteriorado hasta hacer desaparecer las clases medias y las mínimas condiciones de seguridad. Llegaron con los ánimos frescos de quien sabe la fecha en que su destino cambia, eso que no se suele conocer hasta muchos años después. El cambio no fue tan atractivo para algunos de ellos. Pero eso no es lo más importante. Otros muchos se quedan, y se les agradecerá. Esa muestra de la juventud uruguaya y argentina que el otro día desembarcaba en Barajas ha creado la ilusión de que de la diáspora nos puede traer la renovación de sangre que este país necesita. Y no sólo en el Ejército. Las madres gallegas más fértiles en los próximos años -dice la estadística- serán hijas de países exóticos. Los futuros guerreros gallegos tendrán el color bronceado de la humanidad del futuro, que será la era del mestizaje. Serán morenos de múltiples tonos quienes renueven las gestas de los Milesios, de Brath y Breogán, pobladores de Irlanda y de Galicia; los futuros héroes dispuestos a sacrificarse en Medulios aún desconocidos; los Peros Novais, grandes escuderos; los nuevos Rois Xordos. No aparentarán, como decía Julio Camba, «la estupidez imponente de todas las razas puras». Como nunca ha sido. Porque Galicia ha sido siempre tierra de acogida, de mezcla. Busquémonos en la nuca el hueso celta; busquemos también, como muchos hacen, el azabache de Creta o de la Berbería en unos ojos negros.