PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS RINCÓN DEL VIENTO
23 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Lo de la pesca, Galicia y la UE se podría explicar de muchas formas. Don Eugenio d''Ors, tan amigo de jugar con lo barroco, diría a lo mejor que es el destino cruel del Finisterre, asomado siempre al misterio del mar... un palco proscenio que no se puede ocupar impunemente, sin riesgo de olvido y abandono. Cabe también la explicación conjurativa de la historia, porque la nuestra es rica sin duda en aldraxes y menosprecios. Con su apelación al acoso europeo, la Xunta parece apuntar en esta línea o, más sencillamente, a la codicia de unos Estados socios, que quieren pescar ellos para vender luego lo pescado en un mercado tan extenso y atractivo como el nuestro. Justo el día en que se revela en Madrid, doctoralmente, lo que todos ya sabíamos en la calle: que poseemos el récord nacional de consumo de peixe y de barcos amarrados. Pero todo esto, que es cierto, es pura epidermis. La causa de fondo es todavía más dramática. No somos nada políticamente, y así nos va. Ni siquiera nos dejan zorrear con los zorros europeos, de tú a tú, aún sabiendo de nuestra retranca.