DECISIONES ABSURDAS

La Voz

OPINIÓN

ERNESTO S. POMBO MUY AGUDO

16 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Mi colega Pepe Rei, debe de andar a estas horas tomándose unos potes por las herriko-tabernas de Euskadi. El ex-juez Gómez de Liaño habrá llevado ya su toga a la tintorería, convencido de volver a vestirla a no tardar mucho. Deberían reunirse y descorchar unas botellas de champán en honor de la justicia. El director de la revista Ardi Beltza y el ex-juez tienen motivos más que sobrados para celebrar y brindar por las decisiones de la Sala Cuarta de la Audiencia Nacional y del Tribunal de Conflictos de Jurisdicción. Estas decisiones judiciales, a las que hubimos de enfrentarnos durante la semana, sobre mi colega y el ex-juez han adquirido, por méritos propios, el derecho a figurar en los tratados de jurisprudencia y en las tesis doctorales y ensayos que a partir de ahora se realicen sobre la incoherencia y el absurdo. Pero deben también de estar en los manuales básicos de convivencia y cordura para que el español de a pie sea capaz de comprender estas decisiones. No es de recibo que uno de los pilares sobre los que se asienta nuestro Estado de Derecho nos dé estos disgustos. Que alguien se crea, como lo creen los magistrados de la Audiencia Nacional, que Pepe Rei no tiene responsabilidades en el entorno de ETA, es de tanta irracionalidad como sostener que el ex-juez puede volver a vestir la toga y actuar con la rectitud exigible. Es cierto que no hay democracia sin libertad de expresión ni sin independencia judicial. Pero en estos casos no cabe recurrir a los tópicos. Pepe Rei y Gómez de Liaño han delinquido. En la documentación incautada a ETA figuran los datos de destacados enemigos del pueblo vasco recogidos por la revista que dirige el gallego reconvertido en abertzale. Sobre Liaño pesa una sentencia que lo inhabilita y descalifica, profesional y éticamente, de por vida. Cabe preguntarse cuál sería la decisión de los magistrados si sus biografías hubiesen sido publicadas en Ardi Beltza o si fueran objeto de una persecución del tamaño de la que padeció Jesús de Polanco. Pepe Rei y Gómez de Liaño tienen que estar satisfechos. Como, salvando las distancias, lo deben de estar ETA y el Gobierno Aznar. A los demás se nos ha quedado cara de estúpidos. Y una impotencia absoluta. Jamás entenderemos cómo se pueden razonar estas decisiones. A Pepe Rei y a Gómez de Liaño hay que desterrarlos del periodismo y de la judicatura. Son aniquiladores. Exterminadores de las reglas democráticas y de la convivencia pacífica. No caben en nuestra sociedad.