EN HUELGA

La Voz

OPINIÓN

ERNESTO S. POMBO MUY AGUDO

14 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Galicia está llamada hoy a vivir una jornada de huelga general. La han convocado UGT y CIG para denunciar la precariedad laboral y la desindustrialización y reclamar unos mejores servicios públicos, unas pensiones más equitativas y, en definitiva, una mayor calidad de vida. CC OO no ha considerado oportuno sumarse a la convocatoria. Está en su derecho. Y el PP cree que se trata de una acción politizada, ante la proximidad de las elecciones autonómicas, y que no existen argumentos para llevar a cabo tal acción. También está en su derecho. Quienes dicen que en estos momentos no se necesita una huelga general tienen mucha razón. La misma que quienes la propugnan. Es una cuestión de óptica. Pero tanto unos como otros deben tener presente que el respeto a pronunciarse a favor o en contra, el respeto a secundarla o a acudir al trabajo, está por encima de cualquier otra consideración. Los que necesitan de esta huelga general son los parados, los amenazados por el paro, los que malviven con un sueldo o una pensión que no les alcanza el fin de mes, los que consideran que la situación laboral, social y económica es manifiestamente mejorable y que no se hacen avances para lograrlo. Quienes propugnan lo contrario, seguramente, están más que satisfechos de la situación del país. No hay que condenar a ninguno de los dos. La huelga general de hoy va a dejar como saldo cifras de participación, aunque como siempre ocurre sean muy dispares. Pero, por encima de todo, debe de dejar la convivencia pacífica y el respeto por los demás. Experiencias hemos vivido ya bastantes donde las posturas de fuerza, las presiones y las amenazas marcaron las jornadas de paro general. Los ya populares piquetes informativos se hicieron tan temibles como reprobables con actitudes escasamente dialogantes. Hay que erradicar la imposición, la intimidación, la coacción y las amenazas. Alguien señaló que la tolerancia llega a ser, a la larga, un derecho adquirido. Y la madurez de nuestra sociedad nos obliga a reconocer ese derecho. A quienes no quieran sumarse al paro los asiste la razón. Hay que tolerarlos. Tanto como a los que lo secunden. Sólo en las sociedades libres cabe la posibilidad de disentir. La gallega es una de ellas. El mayor éxito de la huelga será que en su balance no resalten las denuncias por coacciones e imposiciones, y sí el respeto y la tolerancia con los que no quisieron secundarla. Va a ser difícil. Ya lo verán.