JAVIER ARMESTO
04 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Los ríos gallegos deberían ser el tópico ese de «un remanso de paz». Aguas cristalinas discurriendo entre fragas, gente echando tranquilamente la caña desde las orillas y piraguas dejándose mecer por la corriente. En lugar de ello, la UE nos amonesta por la mala calidad de las aguas fluviales, los pescadores mueren electrocutados y Fenosa quiere convertir algunos cauces -como el del Ulla- en estanques. Galicia es algo más que marisco y playas. Alguien debería explicarle a la Xunta que el agua dulce no sólo es una bendición cuando cae del cielo.