EL «COMPLEJO TITANIC»

La Voz

OPINIÓN

VENTURA PÉREZ MARIÑO PUNTO DE ENCUENTRO

04 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Una de las características más notables del siglo acabado de finalizar consistió en la creencia de que las cosas, para los países y ciudadanos occidentales, mejoraban de forma exponencial y que el sistema democrático, y dentro del mismo el capitalismo económico, eran la fórmula en la que habíamos de encontrar el logro de nuestras aspiraciones. El ideal utópico no tenía límites y en él cabían desde el fin de la enfermedad a la instauración de una sociedad sin problemas. Y para que todo pudiera ocurrir así, el final del siglo se llevó por delante el comunismo triunfante y reafirmó la creencia en los valores democráticos. Los felices veinte se echaron a la calle, entre orden, misiles y candilejas y el siglo cambió de número augurando lo mejor. Pero como en los cuentos la felicidad no dura. El optimismo se ha tornado en pesimismo en un santiamén. Lo que ayer era un camino expedito hoy se ha convertido en tortuoso. Cuando no es una vaca loca, es el advenimiento del inoportuno euro, la caída de las bolsas, la subida de las gasolinas, o las consecuencias, que no la guerra, del conflicto árabe-israelí. Se extiende, lo que ha venido en llamarse el complejo Titanic: aquí no hay nada que hacer, «esto se hunde». Pero las causas de tanto desasosiego, con independencia de una cierta base de realidad, hay que buscarlas fuera de los propios problemas. Se nos había transmitido seguridad y el progreso nos instala en la duda. Los valores referenciales, los derechos humanos, nos quiebran en las manos cuando tenemos que aplicarlos a terceros extraños. La corrupción se ha introducido en nuestra sociedad, lo que nos obliga a un creciente descreimiento. La drogadicción o la prostitución -también de niños-, aparecen como males permanentes. Del extranjero no vienen mejores noticias. El gran hermano, el país más rico del mundo, Estados Unidos, no representa el mejor ejemplo de ese ansiado ideal universal: mantiene alegremente la pena de muerte preferentemente para oscuros e hispanos (aunque reconozca errores); potencia el desarrollo a costa del medio ambiente, aunque sufra el ozono; se opone militantemente al Tribunal Penal Internacional porque ejercita directamente su justicia allá donde lo crea conveniente; practica un militarismo activo sin riesgos innecesarios; tiene a la ONU cogida por sus partes por la simple vía de no pagar las cuotas; ha instalado el pensamiento único distribuyendo un solo libro de texto; y como gran gendarme pragmático, ha abandonado a su suerte al 30% de la humanidad que se debate minuto a minuto con el hambre. Son tiempos de zozobra y hay icebergs a la deriva, pero el Titanic tiene medios para salir de la línea de colisión; todo depende de la tripulación.