A TORRE VIXÍA / Xosé Luis Barreiro Rivas
03 jun 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Si uno se muere sin liquidar sus deudas con Hacienda, las obligaciones recaen en sus herederos. Pero si se muere sin pasar por las urnas, el Estado no quiere saber nada de su voto, aunque lo haya testado en favor de un partido. Y eso, por más que digan Beiras y Touriño, es una injusticia que hay que corregir. En pura teoría liberal, el sufragio es un derecho correlativo al pago de impuestos, y eso hace que sea más lógico que vote un buen contribuyente, aunque esté muerto, que darle la papeleta a un vago que, sin aportar recursos al fisco, carga su maula en la cuenta del Estado. Tal como rezaba el oficio de difuntos, vita mutatur, non tolitur. Y si Lázaro se reincorporó a la vida civil después de resucitado, recuperando su jubilación hasta que volvió a morir -¡que cruel destino el de morir dos veces!-, también nuestros emigrantes deben prolongar sus derechos políticos en tanto no se extingan los beneficios que rindieron a la metrópoli. Fraga en esto es mucho más moderno que la oposición. Y en vez de andar con pamplinas por Cuba y Venezuela, se dedica a gobernar, sin miedo a someterse al inapelable juicio de los votantes vivos... ¡y muertos! Pongamos un ejemplo. Si yo conozco con certeza la Galicia que soñaban mis abuelos, emigrantes ambos en Cuba, ¿por qué no puedo votar por ellos para que sus sueños se cumplan? Enrique Barreiro y Evaristo Rivas trabajaron toda su vida, y gracias a la venta de algunas de sus fincas tengo yo posición y estudios. Por eso quiero votar por ellos, cumplir sus sueños, y pagarles lo mucho que les debo. Claro que esto no puede hacerse con discriminaciones ni trampas. Y de ahí que yo proponga que, en vez de quitar del censo a los que sobran, metamos de una vez a los que faltan, apuntando a todos los que emigraron después de 1898, aunque estén muertos. De acuerdo con mis cálculos, esta operación no haría más que doblar el censo, sin peligro, por tanto, para la capacidad de las urnas. Y, a cambio, lograríamos que los gallegos vivos se acordasen alguna vez de los muertos, para emitir su voto y rezarles un Padrenuestro. Ya sé que la propuesta tiene algo de raro. Pero también fueron raras las pensiones no contributivas, el matrimonio entre homosexuales y la jubilación anticipada de todos los empleados de banca. Y por eso estoy convencido de que, haciendo votar a los muertos, el PP no hace más que adelantarse a lo que pronto veremos como un derecho inalienable. Pero, ¿que pasaría si votan todos los muertos? La respuesta a esta peliaguda pregunta es ¡nada! ¡Nada de nada! Porque, si el voto de los muertos lo emiten los vivos, seguiría ganando Fraga por mayoría absoluta.