XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS A TORRE VIXÍA
31 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Quiso la fortuna, con alguna ayuda de Internet, que el último discurso de monseñor Rouco Varela llegase a mis manos en la ciudad de Trento, cuya fama está asociada a su gran Concilio y al movimiento de Contrarreforma con el que la Iglesia católica respondió al cisma de Lutero. Por eso pensé que era mejor escribir de otra cosa -de Vera y Barrionuevo, por ejemplo- y contribuir con mi silencio a una expresión de ortodoxia que es casi un souvenir. Pero luego reparé en que el cardenal no había predicado en su cátedra, sino en la Academia de Ciencias Morales y Políticas, y llegué a la conclusión de que el mejor homenaje que puedo tributarle es el de criticar con libertad sus palabras. Para ello empezaré confesando que yo pertenezco a la misma Iglesia que Rouco Varela, y que, en mi condición de cristiano, acepto su magisterio, aunque mi debilidad lo contradiga con frecuencia. Pero una cosa es que los católicos nos sintamos comprometidos con las enseñanzas de la Iglesia, y otra muy distinta que la jerarquía católica se instale en un permanente e injusto abroncamiento de la sociedad civil, dando a entender que, por su alejamiento de Cristo, carece de todo principio moral. Lejos de ser así, la Iglesia católica debería reconocer que, inserta en sociedades cada vez más libres, igualitarias y solidarias, no constituye el referente moral que fue en otras épocas. ¿Es que pueden compararse los tiempos de hoy con las sociedades estamentales del pasado, con la esclavitud, la Inquisición, las persecuciones religiosas, el abuso de los poderosos, la connivencia de la Iglesia con tiranos de toda especie, las evangelizaciones a punta de espada y las fortunas amasadas con el báculo? ¿Hubo momentos mejores en el respeto a los derechos, en la defensa de los débiles, en la cobertura de los necesitados, en la educación de los pobres, en la extensión de los sistemas asistenciales y en el tratamiento de los deficientes? ¿Hubo administradores más limpios, políticas más integradas y monarquías más discretas?. ¿Qué sociedad añoramos? ¿De qué crisis moral estamos hablando? De lo que habla monseñor Rouco -quizá sin darse cuenta- es de una crisis aguda de la Iglesia, que ha perdido el liderazgo moral de las sociedades avanzadas. Y por eso hace un balance pesimista, en el que son decisivos algunos temas (divorcio, contracepción, aborto, eutanasia pasiva y opciones sexuales) que las sociedades laicas gestionan desde la libertad personal. De crisis moral, nada. Lo que pasa es que la moral se está haciendo laica y autónoma. Y por eso se pierde el tiempo -y la razón- con estas broncas. Porque descubren la paja en el ojo ajeno sin ver la viga que llevamos en el nuestro.