TABLA RASA PARA LA PESCA GALLEGA

La Voz

OPINIÓN

VÍCTOR MORO EX-SUBSECRETARIO DE PESCA Y MARINA MERCANTE TRIBUNA

24 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La servidumbre de una columna periódica conduce a cazar al vuelo la noticia en la maraña mediática. Sin ningún afán de polémica que de entrada descarto, debo referirme a la desafortunada incursión pesquera del brillante colaborador de La Voz de Galicia don José Luis Barreiro. Su información es errónea y, en consecuencia, sus conclusiones. A partir de 1986, tras el ingreso de España en la CEE, se viene produciendo una sistemática reducción de nuestros efectivos pesqueros, tanto en aguas comunitarias como en las de terceros países, porque desde entonces la consideración de los intereses pesqueros españoles pasó a la Comisión, en cuya dirección de Pesca nunca nos admitieron con el rango que merece la dimensión pesquera española. Ya en 1978, cuando se negoció el Acuerdo Marco como paso previo a la adhesión, hicieron tabla rasa de nuestros derechos derivados de los acuerdos de Londres y bilaterales con Francia e Irlanda. Soportamos durísimas negociaciones que a pesar de nuestra débil posición como país tercero, concluyeron admitiendo la operación de 300 barcos. Posteriormente, en cada reglamento, fueron reduciendo unilateralmente nuestros efectivos, siempre invocando hipotéticas razones científicas para regenerar los recursos. Mientras tanto, los restantes países comunitarios mantuvieron su capacidad de pesca. La política estructural para reducir el esfuerzo pesquero la cumplió España escrupulosamente como evidencian las estadísticas. No pueden decir lo mismo Francia, Holanda o Italia. En este período se redujeron los efectivos de nuestra flota congeladora un 59%, la bacaladera un 83% la de fresco en aguas comunitarias. De los 300 barcos con presencia histórica contrastada quedan hoy 197. La prohibición de acceso al box irlandés impuesto a la flota española en 1978 también invocando razones de conservación no alcanzó a los restantes países que siguieron pescando a sus anchas. Esta prohibición se mantuvo vergonzosamente en el Acuerdo de Adhesión y aún hoy prevalece, limitada a cuarenta buques. Si disminuyeron los stocks de pesca es falaz imputarlo, ni exclusiva ni principalmente, a los pescadores españoles. Todos convienen en la promoción de empresas mixtas con otros países para la pesquería industrial a larga distancia. La flota artesanal requiere otra consideración. Pero no olvidemos que en el Acuerdo de Adhesión se impuso a España la eliminación de esta figura de expansión en el plazo de siete años. Después rectificaron. Pero ni entonces ni ahora se tuteló la internacionalización de la pesca española y muchas empresas sufren impotentes maltratos y discriminación. ¿Pero cómo van a considerarlas cuando nuestras empresas mixtas en Inglaterra, Irlanda y Francia, o sea, empresas comunitarias, están siendo hostigadas y sometidas a exigencias operativas y laborales que atentan contra los principios básicos del Tratado de Roma? El Mercado Común no llegó a la Europa Azul y el Libro Verde de la Pesca, hoy sobre la mesa, no tiene otro objetivo que marginar y limitar definitivamente nuestra actividad pesquera. En las organizaciones internacionales España fue sustituida por representantes comunitarios. En todas ellas aceptan las pretensiones de terceros países e ignoran nuestros derechos. Tal es el caso de NAFO para el Atlántico occidental o de Svalbard. Es posible que la exigencia económica de Marruecos para un nuevo acuerdo fuera excesiva. Pero no es menos cierto que la negociación no contempló el conjunto de las relaciones entre la UE y Marruecos. En esta situación la conjunción de esfuerzos de las distintas organizaciones pesqueras españolas en la Declaración de Burela, me parece oportuna, necesaria y urgente. Debemos reflexionar sobre nuestra injustificable situación en el marco de la política pesquera comunitaria y darle solución justa. Es tarea del Gobierno con el apoyo de todos. Además, promover una política pesquera propia, de regeneración de nuestros caladeros y de negociación directa con terceros países en el contexto de nuestras relaciones económicas internacionales. Es posible la negociación directa incluso con intereses marroquíes para restablecer una relación duradera y estable. Debemos saludar con esperanza la Declaración de Burela.