EL RAPTO INDECENTE

La Voz

OPINIÓN

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS LÍNEA ABIERTA

24 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

No es un secuestro, se trata de un rapto indecente, el de la palabra, para mancillarla y matarla. Quien promociona, administra o escribe en los medios arrostra un riesgo necesario y asumible. Si es tibio o ambiguo, a nadie molesta. Si adula al poder, alquilando su palabra, quizá medre personalmente. Si, por el contrario, desnuda su opinión crítica y espontánea, sabe lo que se juega, incluido el desamor o represalia del poder ejerciente. No es poco, pero merece la pena. Estos son los límites lógicos y democráticos de la libre opinión. Fuera de ello, no hay sino culpable e intolerable violencia con las ideas y las palabras que las expresan. Todo rapto es indecente. Pero el de la palabra, mucho más. La palabra, «ese poco de aire estremecido» capaz de cambiar el mundo, la palabra, «silenciosa edad del tiempo», patrimonio tuyo y mío de la adorada libertad... Como en el verso, quitadnos lo que queráis, el pan incluso. Pero no tratéis de arrebatarnos a tiros, porque será inútil, la risa de la libre palabra, la alegría democrática de discutir juntos, sin odiarnos ni matarnos.