FORO, NO DISPUTA

La Voz

OPINIÓN

XERARDO ESTÉVEZ CRÓNICAS DEL TERRITORIO

23 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Foro es, en una de las acepciones del término, lugar del encuentro, de la opinión diversa, de las ideas que, a veces, levantan pasiones. La disputa surge cuando el debate se produce por fuera, en monólogos cruzados que entre sí se arrojan los litigantes, sin dar lugar al diálogo, como si no hubiera posibilidad de verse las caras. Así entiendo la génesis de una polémica desaforada en torno a la rehabilitación en Santiago de Compostela, que la oportuna intervención del Colegio de Arquitectos de Galicia y de su decano ha ayudado a contener, atemperando la perspectiva más local y próxima de la Delegación compostelana. Y digo foro porque, después de muchos años de caminar en paralelo, los arquitectos, los promotores y los propietarios hemos venido a encontrarnos en la ciudad histórica, sabiendo que ésta sigue un movimiento pendular, un ir y venir de la población, de su interés cultural y turístico y del mercado. Recuerdo que hace años, cuando empezaban los trabajos en la ciudad histórica, se tuvo la oportuna idea de formalizar un primer catálogo, anterior al plan especial, que incluía para su protección los más importantes edificios del conjunto histórico y también significativas muestras de los estilos arquitectónicos del Ensanche. Entonces hubo promotores que se desgañitaron contra aquella medida. Pero la realidad es que quienes protestaban más están hoy convencidos con la fe del converso. También los arquitectos hemos cambiado y realizamos, con mayor o menor interés, una labor de reconocimiento cultural y urbanístico de la ciudad histórica que antes no se daba. Y del mismo modo han evolucionado los ciudadanos en su conjunto, siguiendo el flujo y reflujo de la población: en 1860 se derriban los muros y surgen los primeros planes de ensanche; en 1960 hay un vaciado para llenar los nuevos -y malos- ensanches desarrollistas; en 1980 se colmatan las periferias urbanas; en 2000 muchos quieren volver al centro histórico, pero con una sensible diferencia: de la desesperanza de los que se quedaron en su día porque no tenían otra salida, a la esperanza de los que han rehabilitado sus viviendas y de los que vuelven en virtud de una buena calidad de vida. Foro es el Consorcio de la Ciudad, desde el que las tres administraciones sostienen la política de rehabilitación que se ejecuta mediante un equipo de arquitectos y técnicos que con errores y aciertos, como todo hijo de vecino, trabajan con una entrega a la causa que si de algo puede ser tildada es de exceso de celo, producto del entusiasmo que genera el propio trabajo. El Premio Europeo de Urbanismo concedido en 1998 a Santiago de Compostela no sólo se debe al plan de la ciudad histórica. Fue un premio al plan especial y a su gestión, a la callada labor de rehabilitación de los técnicos y de los ciudadanos, y al acierto en la implantación de operaciones muy medidas de arquitectura contemporánea. Todo esto fue el fruto de la implicación de un conjunto de administraciones y personas físicas y jurídicas. Ello me autoriza a sostener que es bueno que se mantenga el foro de la ciudad histórica al día de hoy. La discordia entre quienes quieren intervenir más y los que piensan que debe intervenirse menos es una constante en nuestra profesión al menos desde el siglo XVIII, que cuenta en ambos casos con valedores solventes, con criterios bien fundados, y no vamos a resolverla hoy. Más diría, sin ese dilema la arquitectura perdería un aliciente y no habría evolucionado como lo ha hecho. Pero no hay que dejarse confundir por lo que a veces se manifiesta como una disputa; también hay que atender a otros factores, como el hecho de que el mercado inmobiliario pide espacio, y ese elemento hay que estudiarlo. Mercado sí, es necesario, pero debe compaginarse con la cultura, aliada indisociable del trabajo en la ciudad histórica. No nos arriesguemos a quebrar el ejemplo estudiado y respetado en todo el mundo; abramos los debates a que haya lugar, estudiemos las nuevas condicionantes, como la citada del mercado, la aparición de nuevos usos, la normativa que debe regularlos o las medidas que habría que adoptar para garantizar la calidad del proyecto. No tengamos miedo a hablar, porque entonces la ciudad histórica sería un diálogo de sordos, y no un foro abierto a todos los interesados en su conservación y promoción.