RECUPERAR LA UNIDAD

La Voz

OPINIÓN

MUY AGUDO / Ernerto S. Pombo

15 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

El cambio necesario por el que con tanta insistencia abogaron, durante la campaña electoral, Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo, no se va a producir en el País Vasco. Los votantes han rechazado esta posibilidad y con ella los discursos agresivos, las descalificaciones y el mensaje único de «nosotros o el caos». Oreja y Redondo se equivocaron. Intentaron identificar a la coalición PNV-EA, o lo que es lo mismo, a todos los nacionalistas, con el terror, con el crimen y con el caos. Aunque no se lo creyesen ni ellos. Demasiado infantil. Ni Arzalluz, ni Egibar, ni Ibarretxe tienen las manos manchadas de sangre. Unicamente reivindican, con más o menos acierto dialéctico, pero siempre dentro de los parámetros democráticos, una forma de gobierno, absolutamente legítima. Los vascos han querido que las urnas dejen a la sociedad dividida por la mitad entre nacionalistas y constitucionalistas, con la ventaja suficiente para los primeros que les permita formar gobierno. E Ibarretxe, nada más conocer los resultados, ha dado muestra de sensatez comprometiéndose a gobernar «sin rencores ni revanchas» y ofreciendo a los demás partidos la posibilidad de que la nueva legislatura sea la del diálogo. La pelota vuelve a estar del lado del PP y PSE. Al error de plantear una campaña intensa en descalificaciones, Mayor Oreja y Nicolás Redondo no deben sumar el de no aceptar el ofrecimiento del lehendakari. Porque casi la mitad de los votantes de Euskadi se sentirían definitivamente excluidos de un proyecto que tiene que ser común. Hay que recuperar el tono conciliador. Y el diálogo, la cordura, y la sensatez. Las urnas han dicho que todos son necesarios para acabar con una situación incomprensible en un país civilizado. Lo preocupante es que la brusca caída de EH, sin dejar de ser una buena noticia, no lo es tanto. Todavía quedan 142.784 descerebrados. Una barbaridad. Porque esos son los que no quieren diálogo, acuerdos, ni democracia; los que siguen llamando lucha política al tiro en la nuca y al coche-bomba cargado de amonal, los que brindan con champán cada atentado. Los chivatos. Y contra ellos hay que ir. Por eso quienes tienen limpias de sangre las manos y el corazón están abocados al entendimiento. Por el bien de todos. De los vascos y del resto de españoles. Porque si no lo hacen, las elecciones del domingo las habrán ganado esos 142.784 descerebrados. Y no podremos evitar seguir sintiendo repugnancia.