OBITUARIO ALEXEI TUPOLEV (1925-2001)
13 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hubo una vez una guerra en la que los principales campos de batalla eran laboratorios, las armas disparaban fórmulas matemáticas y los soldados eran ingenieros. Ayer murió uno de ellos. Alexei Tupolev era un soldado de la infantería científica soviética que combatió en el frente tecnológico de la guerra fría. A la sombra de la espectacular carrera espacial, las superpotencias luchaban por la supremacía supersónica. En esta batalla, como en la del espacio, la Unión Soviética se adelantó dos meses al Concorde con el primer avión comercial supersónico. El TU-144, salido de la factoría Tupolev, superó el 31 de diciembre de 1968 su primer vuelo por encima de la barrera del sonido y significó una victoria moral para el régimen de Kruschev, pero sobre el avión pesó siempre una acusación de espionaje industrial. Los ingenieros occidentales llamaban al aparato Konkordski o Konkordov, con una retranca fruto del asombroso parecido con el avión franco-británico. Alexei Tupolev trabajaba en equipo con su padre -una de las leyendas de la aeronáutica soviética y víctima de las purgas de Stalin- y, al parecer, con un agente ruso infiltrado en las oficinas de la aviación francesa. Pero él siempre negó haber encontrado la inspiración en unos planos robados. «Todos investigábamos la propulsión supersónica con las mismas experiencias y metas. Es normal que los resultados fueran muy parecidos», se defendía. La propaganda rusa condecoró a Tupolev como héroe de la guerra fría pero acabó defenestrándolo por los fallos de su criatura. El Konkordski nunca llegó a realizar vuelos regulares y la acusación de espionaje fue sólo el principio de su leyenda negra. La puntilla se la dio un accidente con 13 muertos, durante una demostración en París, que lo convirtió en pieza de museo cuando era un recién nacido. Tupolev se volcó entonces en el proyecto del transbordador espacial soviético, hasta que su último sueño murió con la perestroika.