EL PRECIO DE LOS SUEÑOS

La Voz

OPINIÓN

LOLA BECCARÍA

11 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Estos días atrás un hombre cumplió su sueño. Dennis Tito, un multimillonario norteamericano, ha pagado 3.700 millones de pesetas por hacer un viaje. Cualquiera diría que por el precio desembolsado le estaba destinada una suite de superlujo, diseñada para un sultán de cuento de las mil y una noches. O que iba a dar la vuelta al mundo a todo tren. Pero no, ese viaje ha sido diferente a todos los que un turista cualquiera haya podido imaginar. La habitación del hotel era del tamaño de un dedal. En lugar de esmoquin vestía un traje de astronauta. Y la comida no le fue servida en bandeja de plata, sino que tuvo que atraparla flotando en el vacío. Eso sí, por ese precio, llevaba su máquina de fotos incluida en el equipaje más que mínimo. No iba a la luna, pero casi. Y, aunque su único suelo firme se contenía en los límites de una nave rusa, el paisaje fotografiable era el ilimitado espacio. Surge así la pregunta inevitable: ¿Es un hombre envidiado? Está claro que puede serlo por tres razones. Por su fortuna, única y exclusivamente. O porque ha podido irse al espacio (hay gente que, de puro canguelo, ni por esa cifra se levantaría un palmo del suelo de este planeta). O sencillamente porque ha cumplido el sueño de su vida. Lo que hay que reconocerle a este personaje es que ha apostado fuerte. Vale, de acuerdo, tenía la pasta. Pero ese pequeño gran detalle no le quita su mérito. También estoy de acuerdo en que resulta inmoral que una sola persona reúna en un solo bolsillo esa enorme cantidad de dinero, dato que viene a confirmar el reparto injusto de la riqueza de este mundo. La siguiente pregunta sería entonces: ¿Es tan caro cumplir los propios sueños? En mi opinión, Dennis Tito, alcanzando su capricho nos da una lección hermosa y esperanzadora, y nos lleva a preguntarnos qué hacemos con nuestros sueños. Perseguir un sueño es una asignatura arriesgada, compleja, en apariencia inalcanzable. Sin embargo, es el motor de nuestras vidas, o debería serlo. Los sueños están hechos a la medida del hombre, porque es él quien pone sus propios límites. Aunque parezca una contradicción, los sueños no siempre están relacionados con la capacidad adquisitiva de la persona, sino con algo más profundo y existencial, que se llama deseo. Todos tenemos deseos, y renunciar a ellos es amargo, resignado, triste. Todos podemos luchar por ellos, y echándole imaginación podemos rastrear en nuestros corazones el modo de conseguirlos. Hallar el medio de encontrarlos y vivirlos es una buena forma de darle sentido a nuestra existencia, por encima del color de los billetes de banco.