CEREBROS

La Voz

OPINIÓN

CARLOS G. REIGOSA DE SOL A SOL

08 may 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Desde que los científicos han descubierto que tenemos un segundo cerebro en la tripa, capaz de pensar, recordar y emocionarse, estoy mucho más pendiente de lo que opina mi barriga, es decir mi cerebro abdominal, que es el nombre que se le da al sistema nervioso entérico, el cual manipula y procesa los 30.000 kilos de alimentos y los más de 50.000 litros de líquidos que circulan por el intestino de una persona que viva unos 75 años (según datos de la revista Muy Interesante). Michael Gershon, de la Universidad de Columbia, es el autor del descubrimiento de este segundo cerebro, que produce el 95 por ciento de la serotonina corporal, un neurotransmisor que influye directamente en el estado de ánimo, es decir, en el carácter y, por consiguiente, en el destino. («Pienso, luego existo», sí, pero ¿con qué pienso?) Vómitos, ardores, espasmos o diarreas deben entenderse también como mensajes del segundo cerebro al primero. Y si la presencia de alguien nos produce un retortijón de tripas, está claro: es que no nos gusta. Alejarse de él es favorecer la armonía entre los dos cerebros y quizá ahorrarse una irritación de colon, ese mal tan común y revelador.