¿EXCEPCIÓN VASCA?

La Voz

OPINIÓN

PEDRO ALTARES

28 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

No hay democracia sin alternancia. Es una evidencia que ninguna situación supuestamente excepcional puede soslayar. El PNV, como en general todos los partidos nacionalistas, suelen identificar su permanencia en el poder con la construcción nacional. No es cierto y mucho menos en sociedades complejas y plurales como, a pesar de todo, la del País Vasco. Hasta ahora, y a la espera de los resultados del 13-M, el PNV ha sido el partido más votado. Pero teniendo en cuenta el alto índice de abstención en todas las elecciones autonómicas, ni siquiera puede decirse que tenga el apoyo de la mayoría de la población con derecho a voto. Sin embargo, su actitud es la de una identificación absoluta con un concepto de pueblo vasco que la realidad, y los votos, llevan desmintiendo elección tras elección. Lo peor de la situación vasca es que se pierden las perspectivas de las reglas generales de todo sistema democrático. Sin excepciones culturales posibles. Más de veinte años de gobierno del PNV, solo o en coalición, no significan en democracia un certificado de continuidad. El nosotros o el caos, o parafraseando a Arzalluz, o nosotros o más justificación para que ETA siga matando, no son de recibo. Y mucho menos en el País Vasco, donde ETA ha seguido implantando el terror sin importarle quién esté en el poder político, ni allí ni en Madrid. El mensaje nacionalista es excluyente y, en consecuencia, la posible alternancia que puede darse después del 13-M se presenta como un precipicio insondable. No lo sería ni siquiera para el PNV que, como todo partido político, necesita de la saludable depuración interna que siempre acarrea el paso del gobierno a la oposición. Así las cosas, el soberanismo del programa de la coalición PNV-EA es una opción sobre la que los electores tendrán ocasión de pronunciarse dentro de dos semanas. Es una opción más, entre otras. Pero, a pesar de una situación de falta de libertades reales insólita en la Unión Europea, las reglas elementales de una democracia, entre otras la posibilidad de la alternancia, no pueden albergar una especie de excepción vasca por la que el PNV sea insustituible y deba de permanecer siempre en el poder. En el comienzo de la campaña electoral, al menos eso debería estar muy claro en la sociedad vasca. Después, que las urnas decidan.