EL DÉFICIT CERO

La Voz

OPINIÓN

PABLO GONZÁLEZ MARIÑAS

28 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

No diría yo que no sea razonable el objetivo del déficit cero. Pero lo importante es saber quién carga con los costes. Con los funcionarios, el Gobierno lo ha visto fácil: con no pagar y recurrir la sentencia de la Audiencia Nacional, todo resuelto. Malo sería que el Tribunal Supremo inadmitiese la casación, inexistente en materia de personal. Pero al menos se habría ganado tiempo y conseguido, este año, el objetivo. Luego, Dios dirá. En Galicia, entre tanto, se les regatea una magra subida salarial compensatoria, mientras el presupuesto de la Ciudad de la Cultura se cuadruplica sobre las previsiones iniciales. Con los empresarios, en cambio, la cosa se pone más difícil. Se quejan de una «errática política económica», recurren lo de las operadoras de móviles y demandan mayor margen de beneficios. Ante ello, la respuesta gubernamental es aplazar la anunciada rebaja del Impuesto de Sociedades. Tira y afloja, con tal de que no se dispare la inflación, por más que tal intervencionismo repugne a la escuela de Friedman, tan querida. Ya se ve que, para los funcionarios, la controversia sobre su contribución a los mínimos de Maastrich se remite a judiciales calendas graecas. Para los empresarios, el escenario es otro: pugna de poder y de influencia en términos de confrontación y, al final, segura transacción. Decididamente, Chicago sólo negocia con los poderosos.