EL MIEDO AL CAMBIO

La Voz

OPINIÓN

XOSÉ LUÍS BARREIRO RIVAS

18 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

A pesar de su apariencia simplificada, los barómetros electorales constituyen un instrumento de análisis politológico sumamente complejo, en el que, además de cruzarse abundantes variables, se hacen posibles y necesarias múltiples comparaciones. Por eso nadie debe asustarse si, después de leer las cifras, le surgen dudas de su interpretación, o si, releídos los términos generales del sondeo, ve por la tarde lo que no vio por la mañana. Ello, no obstante, también es verdad que todo barómetro puede resumirse en un reducido número de conclusiones; y que éstas, una vez desbrozadas de matices y tecnicismos inevitables, nos presentan, claras como el agua, las claves esenciales del panorama político. Tal es el caso del recién publicado barómetro de primavera, cuya significado resumo para ustedes en cuatro conclusiones esenciales: Primera: que los gallegos desean remover la vida política, y que el aplastante dominio ejercido por el PP no convence más que al 31,2% de los ciudadanos, a todas luces insuficientes para generar una nueva mayoría absoluta. Segunda: que los gallegos no tenemos un repuesto adecuado para el gobierno del PP, y que, si malo resulta que todo siga igual, peor nos parece una incierta coalición entre el PSOE y el BNG (24,4%), o una irracional componenda entre el PP y el PSOE (29,9%). Tercera: que sólo ahora empezamos a percibir las deficiencias de una estructura política que, bajo la apariencia de una amplia pluralidad, se resuelve de hecho en una mayoría institucionalizada -el PRI de los mexicanos- que no deja lugar a verdaderas alternativas. Cuarta: que, aunque parezca contradictorio, el PP va a ganar de nuevo las elecciones, dejándonos a todos el regusto amargo que tienen las únicas salidas, y haciendo que volvamos a preguntarnos por qué no tenemos a ese Maragall, a ese Mayor Oreja o a ese Javier Arenas que no ganan las elecciones pero pueden ganarlas, y que, si un día ganan, estarán en plena capacidad de gobernar al pueblo que les votó. Esto dice el barómetro de primavera: que el PP no es una mayoría deseada, sino inexorable; y que los gallegos estamos más dominados por el miedo que nos produce la ausencia de Fraga que por el creciente deseo de cambio político. Por eso vamos a hacer unas elecciones para escoger, como siempre, entre seguir así o continuar como estamos. Y por eso se palpa, andando por la calle, la rara ilusión del otoño.