UNA ÚNICA GRAN VOZ GALLEGA

La Voz

OPINIÓN

UN PAÍS QUE LEE ARTURO LEZCANO

02 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Aunque nos esté mal decirlo, estimamos que los resultados de la reciente encuesta en torno de la difusión real de la prensa gallega no constituye ninguna sorpresa, sino una confirmación repetida hasta la saciedad. Pero en cambio no demuestra que en Galicia se lee cada vez más. Sonroja ahora tanto como hace cuarenta años el número de ejemplares vendidos en comparación con la mayoría del resto de los países de la actual Unión Europea, salvo, según la tónica casi indefectible, los casos de Portugal y Grecia. Ni aun el hipotético total de lectores, menos de un millón sobre tres de habitantes, redondea un dato optimista, pues a nadie puede escapársele que esa multiplicación -si bien significativa desde el punto de vista comercial- apenas supera el hojeo apresurado de ciudadanos no menos apresurados, que con frecuencia van a tiro fijo detrás de la agenda del día, el programa de televisión, el tiempo o las esquelas. No, no es que antes se leyese más, en modo alguno, pero sí se acudía primero a la prensa y luego a la radio, porque la televisión sólo despuntaba en el horizonte. Lo milagroso, por consiguiente -y tampoco nos ponemos colorados- es la pujanza de un diario, La Voz de Galicia, con más de 100.000 ejemplares de difusión media día tras día. ¿A qué se debe este fenómeno con escasísimos parangones? Se debe, sin duda, a una tradición centenaria y a su gestación en la ciudad más importante de la mayor de las provincias gallegas. Sin embargo hay otros periódicos gallegos más antiguos y varios tan arraigados como La Voz. La diferencia sustantiva proviene de su carácter de único cotidiano gallego, es decir, establecido y difundido no sólo en las cuatro provincias sino comarcalizado con personalidad propia y autónoma en cada una de sus quince cabeceras, las distintas «voces» de Lugo, Bergantiños, A Mariña, O Ribeiro, Arousa, Deza, Ourense, Pontevedra, Vigo... Por encima de rivalidades anacrónicas, su eco es ya plausible como la única gran voz gallega, al reconciliar la naturaleza parroquial con el sentimiento territorial.