DECEPCIÓN Y DESASTRE HISTÓRICO

La Voz

OPINIÓN

FERNANDO GONZÁLEZ LAXE

26 mar 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

La ronda negociadora mantenida en Bruselas terminó sin acuerdo. La experiencia nos enseña que Bruselas agotó de forma inmediata su margen de maniobra y se enrocó de forma apresurada en el largo tramo de la negociación. España, por su parte, ha dejado que ese error de planteamiento no le arrastrara y se situó (erróneamente) al margen de la polémica, de la negociación y del envite. Las razones esgrimidas por los comunitarios e incluso por las autoridades españolas no poseen consistencia alguna y denotan que están influenciadas por personas del interior, sin apenas relación con la histórica cultura del mar. Buscar el equilibrio entre el coste financiero que supone el acceso de la flota con los beneficios que obtiene el sector no tiene sentido para los países productores, en la medida en que el sector pesquero es una actividad de alto valor estratégico, de enorme poder de arrastre con otras actividades económicas y que constituye un soporte vital para las economías y las poblaciones costeras. Asimismo, argumentar que se desvirtúan los próximos acuerdos pesqueros si se hace una excepción con Marruecos por el efecto contagio que provocaría en otros países no deja de ser una boutade, en la medida en que cada negociación está amparada y situada en un marco bilateral bien diferenciado. Lo significativo de este fracaso es la posición en la que queda la Comisión Europea, justo en el momento que desea abrir un debate al presentar la semana pasada el esperado Libro verde de la reforma de la pesca europea. La credibilidad de la institución está en entredicho; pone de manifiesto que el acuerdo interno entre los países miembros es, asimismo, frágil, débil y poco consistente. En consecuencia, considero que empieza a ser preocupante la posición que esgrimen ciertos países europeos al cuestionar las políticas de acuerdos bilaterales con terceros países y desear imponer una política pesquera comunitaria con discriminaciones y con limitaciones parciales. Los gallegos, ante esta situación de desidia, decepción y de desastre histórico derivado de los últimos acontecimientos pesqueros, debemos unir fuerzas y presentar una estrategia y un proyecto común único para defender nuestra singularidad, nuesto valor estratégico y nuestra cultura pesquera. Es el momento de ejercer nuestras acciones en el marco español y europeo. Si no ahora, ¿cuándo lo haremos?